Días antes de la reunión plenaria del Partido Acción Nacional, su presidente, el bato Gustavo Madero, declaró: El PAN no está en migajas . Con este giro idiomático el dirigente quiso enfatizar que su partido -cuya sigla es homografía del alimento que en distintas modalidades se elabora con harina, agua y sal y que cuando vale gorro se desmorona- está entero, de una pieza.

La aseveración de don Gustavo queda en entredicho al leer el suplemento Los Políticos, publicado por El Economista el pasado martes. Diego Badillo, editor del precitado, anexo escribió: La reorganización de Acción Nacional, luego de su fracaso en las elecciones del 1 de julio pasado, se ha convertido en una lucha de facciones en la que, por una parte, están simpatizantes del presidente Felipe Calderón y, por otra, los que se oponen a que encabece el proceso y lo acusan de querer apoderarse del partido .

¿Felipismo o Calderonismo?

Sugiero que como premisa de esta colaboración quede la confrontación de la declaración del sobrino nieto del Mártir de la Democracia con el aserto de Badillo García; la opinión de los panistas entrevistados en el suplemento, así como mi incipiente y naive punto de vista surgido de la reunión plenaria blanquiazul que tuvo lugar esta semana en Querétaro. A lo anterior volveré -como dijo McArthur- después de este paréntesis lingüístico:

El paréntesis -tiempo fuera, para usar un término deportivo- que pido es para dilucidar un cuestionamiento filológico que me preocupa sobremanera. El punto es: la costumbre de denominar a la cauda del Presidente en turno con el apellido de éste seguido del sufijo -ismo: alemanismo, echeverriísmo, lopezportillismo, etcétera, etcétera. Así tenemos que en la actualidad vivimos la etapa final del calderonismo. Yo prefiero hablar del felipismo; siento la denominación más familiar y amigable.

Según el diccionario, el sufijo -ismo forma sustantivos que suelen significar doctrinas, sistemas, escuelas o movimientos: Socialismo e impresionismo. También indica actitudes: egoísmo, puritanismo; designa actividades deportivas: Atletismo -nótese la referencia olímpica. Otra atribución de este sufijo es formar numerosos términos científicos o de enfermedades como tropismo, daltonismo, reumatismo. En este orden de ideas me pregunto: ¿El calderonismo o felipismo -como sugiero llamarlo- y sus antecedentes el foxismo, el zedillismo y el salinismo son -o fueron, es- una doctrina, un sistema, una escuela, una actitud, una actividad deportiva; un término científico o una enfermedad? Dejo que el lector conteste el enigma.

En mi opinión, los -ismos sexenales que hemos padecido están más cerca de una enfermedad -perniciosa para el cuerpo social- que de una actividad deportiva, tal vez sean una actitud, la que impone el jefe cuyo apellido -y ahora nombre- precede al sufijo. Desde luego que los precitados -ismos no tienen nada que ver con un movimiento, una doctrina o un sistema y más que una escuela son una moda, una tendencia, una imitación. Un ejemplo de esto es el uso de la guayabera que impuso Echeverría; las cazadoras con suéter cuello de tortuga de López Portillo; meterle mano a la partida secreta con Salinas de Gortari; decir pendejadas en cuanto se les pone un micrófono enfrente: moda foxista. En el caso del felipismo -ya compré la designación- está difícil imitar al jefe: no cualquiera canta y menos las de Silvio Rodríguez. (Paréntesis dentro del paréntesis para comentar que una mano amiga blanquiazul -equivalente a la de Dolores Padierna con AMLO- podría declarar que Felipe Calderón es muy parecido a Hugo Chávez dado la tendencia de ambos hacia el canto. De tal declaración se concluiría que Felipe Calderón es un peligro -no para México-, sino para los oídos de los mexicanos).

Perdón por la disgregación dentro de la disgregación, pero así es el ajenjismo: tendencia y actitud mental de aquellos que se abisman ante la página en blanco de forma tal que recurren a todo tipo de artimañas con tal de que su escrito acumule palabras.

De regreso de la tercera disgregación del día -si las 750 palabras libres con disgregaciones fuera prueba olímpica en este momento estuviera yo recibiendo la medalla de oro por lograr, con esta, cuatro. ¡Ya basta!- el textoservidor se regaña a sí mismo y vuelve al camino trazado.

Decía yo acerca de los -ismos sexenales -por ambigüedad fonética suena a sismos, algunos son terremotos que alcanzan los 8 grados en la escala de Hank: Medida convencional para medir la intensidad de la corrupción. Los ocho grados indican que se hincharon de lana hasta el Director de Administración y Asuntos Jurídicos y el Subdirector de Recursos Humanos de dependencias medianas como el Instituto Nacional de Ecología (INE). Ahora sí, no me soporto a mí mismo, tengo que regresar al subtema y después al tema ab ovo.

Los -ismos sexenales, finalmente, se conjugan en un gran -ismo: el amiguismo. El grupo de simpatizantes de un presidente son sus colaboradores -cuates y cuotas- y beneficiarios de su gestión. Al terminar ésta, los -istas se van haciendo invisibles, se acomodan y se adaptan a los nuevos tiempos. Los que antes torcían -expresión futbolística brasileña equivalente a echar porras, sígase notando el espíritu deportivo que campea por este escrito que irremediablemente se aparta del subtema, del tema ya ni hablamos- en favor del preciso ya no aparecen. Se acabó el -ismo.

Aclarado que el sufijo -ismo indica simpatía, que no siempre logran tener los mandatarios por parte de la población, propongo dejar el ismo para los amigos y porristas, y utilizar para designar a un sexenio con el apellido o el nombre de quien lo preside el sufijo -ato que indica dignidad, cargo a jurisdicción. Así hemos tenido priato y panato -aunque éste más bien parezca el nombre de un jarabe para la tos.

Al acabar el echeverriato se dio la primera devaluación en 24 años del peso frente al dólar; en el lopezportillato nos saquearon; no sabemos si fue en el salinato o en el zedillato cuando nos volvieron a saquear. Luego vino el foxiato. Está por terminar el Felipato. Aquí si no me gusta usar el nombre del tercer Presidente michoacano que hemos tenido. Tampoco me convence mucho usar su apellido: Calderonato, me suena a otra aplicación del sufijo -ato: la que designa la cría animal como ballenato.

En fin, ya sé: utilizaré el sustantivo felipismo para designar a sus beneficiarios y amigos sedicentes y el termino calderonato para referirme a su sexenio.

Regresamos

Lo que infiero luego de leer las opiniones de algunos distinguidos miembros de Acción Nacional es que el partido blanquiazul está más dividido que una pizza mediana para una familia de ocho. Según se deduce, de lo publicado Diego Badillo, hay una confrontación de grupos por el control del partido que de ser gobierno durante dos sexenios quedó en el tercer lugar -en política la medalla de bronce vale madres- en las pasadas elecciones. Existen ambiciones, aspiraciones e intereses que tienen más que dividido atomizado al PAN, es decir, reducido a la categoría de molido.

El grupo que encabezan Luisa María Cocoa Calderón, que el próximo sexenio será llamada la hermana cómoda porque quedó en una confortable posición senatorial, y Ernesto Cordero, el gallo de Felipe para la grande que se achicó y apenas resultó un pollítico: dícese así de los políticos recién salidos del cascarón, coincide -y cómo no- con el presidente Calderón en la necesidad del cambio profundo que necesita el partido a la de ya, en fa, como va. El felipismo exige la refundación del PAN antes de que se acabe el calderonato. Por otro lado, el dirigente Madero prefiere que el proceso sea el próximo año. Ernesto Ruffo se opone a la refundación y Javier Corral se ha manifestado radicalmente en contra del inaudito activismo presidencial. Y falta saber la opinión de Josefina Vázquez Mota que se tomó unas vacaciones.

Como es obvio el tema del PAN tiene miga. Por eso continuaré con él la próxima entrega, ahora con el siguiente título: PAN tostado.