Invertir es uno de los aspectos más importantes de las finanzas personales, porque es una condición necesaria para construir un patrimonio y hacerlo crecer. De hecho, si no invertimos, nuestro dinero va perdiendo poder adquisitivo todos los días, de forma lenta pero segura.

Invertir implica comprar activos (instrumentos de inversión) que tienen el potencial de incrementar su valor con el tiempo, o pueden ofrecernos ingresos periódicos (flujo de efectivo) por un tiempo determinado. 

Hay sólo tres formas de invertir nuestro dinero: 

Prestarlo a alguien más, quien promete pagarnos intereses de manera periódica y devolvernos nuestro capital en un plazo determinado. Un ejemplo un pagaré bancario (le estamos “prestando” nuestro dinero al banco, quien nos lo devolverá con intereses al final del plazo) o comprar Cetes (mismo concepto, pero le estamos prestando al gobierno). 

Invertir en un negocio, ya sea ponerlo nosotros o comprar acciones de una empresa exitosa que cotiza en Bolsa. Algunas empresas reparten utilidades entre sus dueños (dividendos) o los reinvierten, para que el negocio crezca. En general, el valor de nuestra inversión dependerá de qué tan bien le vaya a esa empresa. Por cierto: los bienes raíces entran dentro de esta categoría: son una forma de hacer negocio. 

Comprar activos que puedan apreciarse, por ejemplo una obra de arte, metales preciosos, activos virtuales, commodities.  

Todas las formas de invertir tienen riesgos, aunque puedan parecer remotos. Puede pasar que el gobierno, un banco o una empresa de repente ya no puedan pagar su deudas. Una empresa que hoy parece líder en su segmento, mañana puede sufrir una disrupción y ser irrelevante. Al negocio le puede ir mal. Hay bienes raíces que se deprecian, porque en la zona donde están puede crecer la criminalidad o tener problemas de suministro de agua. 

No hay inversión sin riesgo, pero eso no debe asustarnos. Todo en la vida tiene riesgos: podemos tropezarnos y tener un accidente grave incluso dentro de casa. Lo importante es conocer esos riesgos y aprenderlos a manejar.

Por eso es tan importante el título de esta columna: nunca inviertas en algo que no entiendas. No compres un activo a ciegas. Antes de poner tu dinero en cualquier instrumento, tienes que comprender cómo funciona, cuáles son sus riesgos y su rendimiento potencial. También tienes que asegurarte que ese activo haga sentido con tu horizonte de inversión (por ejemplo: no compres una casa para rentar, si es dinero que necesitarás en unos meses, aunque pueda ser una gran oportunidad). 

Imagínate comprar un coche a ciegas: no sabes la marca, el modelo y si será funcional para tu familia. ¿Lo harías? La mayoría de la gente no. Imagínate que recibes un biplaza, cuando lo que necesitas es un auto para seis personas. Antes de poner tu dinero en algo, por lo menos tienes que saber de qué se trata. 

Un lector me dijo que para eso es el capital de riesgo. Por experiencia propia aprendió a “invertir” arriesgando un poco de dinero cuando un Bitcoin valía 50,000 pesos (hoy su precio está por encima de 1 millón). 

Le respondí que hay una gran diferencia. Uno invierte para formar su patrimonio, no para arriesgarlo o apostarlo. Desde luego que uno puede aventurarse en la vida, pero sólo con dinero que uno está dispuesto a perder. En la segunda parte hablaremos de la diferencia entre invertir y apostar nuestro dinero.

contacto@planeatusfinanzas.com

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

Lee más de este autor