Nuestro país ratificó el Convenio 98 de la OIT y se colocó como el país más cumplido, pues de los ocho convenios llamados fundamentales por la OIT concretó los ocho (al añadir el 98).

Nos situamos ahora en la necesidad de implementar el Convenio 98 y, de pasada, hacerle unos ajustes a la norma laboral ya reformada, aprovechando que estamos en un cambio de régimen político.

Ahora, los jueces ordinarios podrán recibir las demandas de partes que no hayan podido conciliarse, pero carecerán del conocimiento de las particularidades del centro de trabajo. Piénsese en lo complicado que podrá ser entender y aplicar contratos ley o contratos colectivos de trabajo en temas tan complejos como Pemex o CFE, alguna de las ramas de la industria textil o minera. El juez está solo, pues se ha suprimido el tripartismo en el que los representantes son expertos en las peculiaridades de su industria.

Los sindicatos en la revolución industrial (siglo XVIII-XIX) se originaron como un interlocutor entre clases en pugna: el capital y el trabajo, con intereses contrapuestos en una forma de producción en la que la mano de obra era intensiva y su costo debía mantenerse bajo. Un esquema de sindicación de esa índole presupone la incapacidad de los representados (trabajadores) para negociar y el abuso por parte del capital de la sobreoferta de mano de obra. Posteriormente, durante el auge de regímenes fascistas colectivistas (Franco, Mussolini, Hitler, Cárdenas) sirvió el uso de las organizaciones sindicales para el control y manejo político de las masas para obtener o conservar el poder.

Si el nuevo sistema sindical mexicano debe tener como presupuesto la lucha de clases al estilo de la primera revolución industrial (ideas del F-A-T que no es sindicato sino ONG), será necesario separar y poner en pugna a empleadores y empleados, para crear el antagonismo por el cual tuviera que intervenir el sindicato, pero cuya condición inicial es la sobreoferta de mano de obra, es decir, entre más desempleo mayor eficiencia tendrá ese modelo.

Otra opción podría ser el uso faccioso de las organizaciones de trabajadores, cuyo modelo inició en el cardenismo y cuyo mayor exponente fue Fidel Velazquez, pero ahora con el agravante de que el candidato a tomar la posición de líder es un senador, junior de un gran sindicalista, pero que no creció en la brega o trinchera sindical, que además ostenta conexiones internacionales con organizaciones que históricamente han controlado política y económicamente las regiones de Norteamérica más desfavorecidas por la globalización industrial, con niveles de corrupción y de operación política de grandes ligas.

Regresando al siglo XXI, conocemos empresas instaladas en la cuarta revolución industrial (la era digital), con creciente tecnificación, necesidad de colaboradores comprometidos, altamente capacitados y con niveles de responsabilidad y autoridad dentro de los procesos de producción de servicios y productos, que difícilmente coinciden con el modelo de trabajador en el que piensan los padres de la cuarta transformación.

* Abogado laboralista.