El mensaje de Año Nuevo que ofrece el papa cada 1 de enero Jornada Mundial de la Paz siempre alrededor de la paz, ofrece enfoques originales. Cuestionamiento, análisis, reflexión, más allá de los muros eclesiales. Es una palabra dirigida al mundo, a hombres y mujeres sin preferencia de credo. Aun así, es una lástima que no alcanza a quienes está especialmente dirigido, a los hacedores de violencia, a los perpetradores de crímenes de humanidad, a los destructores de esperanzas y anhelos, a los sembradores de miedo. No es un mensaje sólo para los gobernantes, algunos especialmente belicosos, sino para los violentos al interior de los hogares, para los que amenazan la vida de comunidades, para los que luchan por un territorio, para los que han perdido el respeto por la vida humana, para los que su único lenguaje es la amenaza.

Aun cuando desde el Vaticano siempre se condena todo tipo de violencia, es la primera ocasión que un papa retoma una frase largamente acuñada: la no violencia. Recuerda que la no violencia se convirtió una de las armas más poderosas de Gandhi para enfrenar al imperio Británico y, en años más reciente, Mandela fue protagonista de la transformación de una sociedad racista como la de Sudáfrica, gracias a esa estrategia. Pero enfatiza el potencial que las mujeres tienen para enfrentar un mundo violento a través de la no violencia, como miles de mujeres lo demostraron en Liberia, y lo continúan haciendo hoy en día.

El papa primero hace un repaso de la violencia en el mundo contemporáneo; enseguida, relee la vida de Jesús como la de un no violento; finalmente, apunta como una alternativa viable y esperanzadora, la no violencia. Se refiere explícitamente a la no violencia activa. No niega que la violencia tenga su origen en el corazón del hombre. La conflictividad es un ingrediente de la vida humana, pero la forma más humana de responder ante esta naturaleza conflictiva no es profundizando el conflicto, sino desmontándolo. Aquí es precisamente donde la no violencia activa juega un papel clave. La violencia que encuentra como respuesta más violencia, lo único que produce es destruir las raíces de un entendimiento razonable; niega la capacidad del hombre por construir desde el conflicto relaciones basadas en el respeto a la vida humana, en la convivencia en las familias, en las comunidades, en las naciones. Familias fragmentadas, comunidades fragmentadas, naciones fragmentadas no auspician un futuro atractivo para las próximas generaciones. Más dolor, más sufrimiento, más odio, más miedo es la negación del anhelo más hondo del corazón del hombre, la paz interior y exterior, la convivencia que genera alegría, la confianza que nos devuelve la fe en nosotros y en los otros. La violencia no es la solución en ningún espacio de interacción humana. Es entendible, pero es necesario reprobarla. Y combatirla precisamente con su antídoto, la no violencia activa.

En pocas palabras, la no violencia activa es una actitud ante la vida, pero también es una estrategia que exige disciplina y preparación. Hay toda una escuela de formación alrededor de la no violencia. México necesita abrevar de ella.