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Opinión

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No todo lo que brilla es 132

Se trata de un membrete etéreo que puede agrupar a todos y a nadie, lo importante es el uso que se le dé.

En mi generación, el movimiento estudiantil más importante fue aquel que se organizó en torno de un intento de aumentar las cuotas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El Consejo Estudiantil Universitario logró tirar una propuesta del entonces Rector Jorge Carpizo McGregor de aumentar las cuotas escolares para darle viabilidad financiera a la UNAM. La realidad es que a las dos partes les faltó imaginación.

La Universidad perdió la oportunidad de obtener una fuente de financiamiento de alumnos y exalumnos con posibilidades de pago y se condenó a la universidad autónoma a tener una dependencia presupuestal de la Federación.

A la generación de mis padres les tocó el 68 y ellos tendrán sus historias. Pero lo que ahora presenciamos es una revolución mucho más profunda que involucra a muchos más jóvenes de lo que se pudo haber imaginado.

Tres elementos considero que permiten el movimiento juvenil que apenas inicia: la libertad democrática, el crecimiento de la clase media y las Tecnologías de la Información.

Corea del Norte, Irán, Cuba o Siria tienen tantos jóvenes como cualquier otro país, pero en regímenes en los cuales la falta de libertades les impide una organización y una comunicación para exigir cualquier cosa, por mínima y de sentido común que pudiera parecer.

Los jóvenes somalíes o de una larga lista de países de la África subsahariana no tienen ni la educación ni los recursos suficientes para entablar organizaciones con causas comunes, debido, básicamente, a sus niveles de pobreza.

Y las mejores asambleas de los movimientos estudiantiles de los 60 y 70 se llevaban a cabo a grito pelón o, en el mejor de los casos, se divulgaban los contenidos a través del volanteo.

No hay duda, los más sorprendidos de esta unidad juvenil son los no jóvenes. Porque basta tener contacto con adolescentes como para poder dimensionar que el poder de las redes sociales rebasa los límites que desde una posición de autoridad se pueden establecer a estas generaciones.

Los eruditos del análisis de inmediato comparan el fenómeno que vemos con la Primavera Árabe, con los reprimidos egipcios que tiraron un régimen dictatorial de 30 años.

Lo maravilloso de una generación que se entiende por medios, realmente, secundarios para los adultos, como Facebook o Twitter, es que no requieren liderazgos carismáticos para conseguir lo que quieren.

Por eso son capaces de arrebatar el micrófono a los totémicos dirigentes históricos de la izquierda cuando intentan alimentar sus movimientos con estos jóvenes a los que creen presa fácil.

La esencia del movimiento #YoSoy132 no es su antipeñismo o su prolopezobradorismo. Lo valioso de este movimiento radicó en la capacidad de los alumnos de la Universidad Iberoamericana de contrarrestar la propaganda que los mostraba como porros infiltrados en una conferencia de niños ricos bien portados.

Los 131 alumnos de la Ibero hicieron un video identificándose con nombre y número de matrícula, desmintiendo la propaganda priísta y de muchos medios que victimizaban al candidato Peña Nieto como objeto de una protesta organizada y planeada. Lo que siguió fue un chispazo de creatividad para agregar en las redes sociales el tema Yo Soy 132, como solidaridad con esos alumnos.

Pero, de ahí a hacer asambleas para luchar contra la candidatura de Peña Nieto, o reuniones en la Plaza de las Tres Culturas para lanzar loas a López Obrador hay una gran distancia.

#YoSoy132 es un membrete etéreo que puede agrupar a todos y a nadie, lo importante es el uso que se le quiera dar.

Si lo rebajan a una estrategia de las llamadas izquierdas, perderá fuerza el título, no la realidad de los jóvenes participativos a través de las redes sociales.

¿Es verdaderamente una solicitud de los universitarios que el debate se transmita en cadena nacional? ¡Por supuesto que no! Esa es una idea de López Obrador y sus voceros de radio, prensa y televisión.

Lo que los jóvenes necesitan es una ley laboral que les dé trabajo. Una efectiva seguridad pública que impida que el crimen atente contra la gente, las empresas y sus pertenencias.

A los que se manifiestan afuera de gobernación y contra Peña Nieto ya se les olvidó, por ejemplo, uno de los planteamientos básicos del origen del movimiento: Internet para todos.

Si jóvenes y no jóvenes permitimos que oportunistas se apoderen de este gran paso de los estudiantes sólo para hacerle campaña a uno de los candidatos, daremos un paso para atrás.

No todo lo que brilla en torno del 132 es oro, hay muchos embusteros que quieren darle a los jóvenes espejitos.

ecampos@eleconomista.com.mx

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