Cuenta una historia que había un burro atado a un árbol; vino el demonio y lo soltó. El burro entró al huerto de los vecinos y empezó a comerlo todo. La mujer del campesino lo vio, tomó su rifle y disparó. El propietario del burro oyó el disparo, salió, vio a su burro muerto y se enfadó, tomó su rifle y disparó a la esposa del campesino.

Al regresar, el campesino encontró a su mujer muerta y mató al dueño del burro, los hijos del dueño del burro, al ver a su padre muerto, quemaron la finca del campesino. El campesino, en represalia, los mató. Y preguntaron al demonio qué es lo que había hecho. Éste respondió: “Nada, sólo he soltado al burro”. La moraleja es: si quieres destruir un país, suelta a los burros.

Ante la coyuntura político-electoral que vivimos, cada día son más evidentes las descalificaciones, los ataques, las amenazas, las mentiras y la manipulación con la que los candidatos pretenden ganar una elección que parece más una guerra que una precampaña o próximamente campaña.

Hace unos días, el candidato puntero aseguraba que “si se atreven a hacer un fraude electoral, yo me voy a Palenque y a ver quién va a amarrar al tigre. El que suelte al tigre, que lo amarre, ya no voy a estar yo deteniendo a la gente”.

El problema es que no tenemos que esperar a que eso ocurra, pues, no importa que él gane o pierda ni qué coalición resulte triunfadora, el tigre, o más bien el burro, parece andar suelto hace mucho tiempo. Todavía no empiezan las campañas de manera oficial y el daño ya está hecho.

Al dejar la ética y el civismo de lado, los mexicanos caímos en el juego perverso de creer, casi como verdades nacionales, muchas mentiras. Hemos visto al burro suelto y deducido una serie de cosas que no necesariamente corresponden a la verdad de lo que es y lo que sucede.

Caímos en la trampa del egoísmo y la indiferencia, de creernos y sentirnos enemigos por pensar distinto. Desconfiamos unos de otros por ignorar quién es responsable de qué.

Hoy nos sentimos estresados, confundidos, preocupados, ansiosos, frustrados. Hace tiempo que los políticos, a propósito, soltaron al burro para confundirnos y enfrentarnos.

El problema es que les hemos seguido el paso. Es hora de abrir los ojos para entender cómo funciona este juego perverso que busca seguir polarizando a la sociedad para debilitarnos e impedir que los ciudadanos provoquemos transformaciones profundas. Detengamos al burro antes de que sea demasiado tarde.

Twitter:  @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.