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Neutralidad regulatoria
Cuando se regula alguna actividad, se corre el riesgo de generar sesgos en favor de ciertos participantes, que significan recursos mal asignados.
Uno de los objetivos a alcanzar cuando se desea regular alguna actividad es la neutralidad. Esto significa que se reconoce que cierto mercado debe ser regulado, debido a que su libre funcionamiento puede perjudicar a ciertos usuarios o beneficiar únicamente a algunos oferentes, y por lo tanto hay que intervenir.
Ejemplos existen, por desgracia en abundancia, de muchas actividades que han sido reguladas de tal forma que significan un obstáculo a la competencia o que van dirigidas a beneficiar a alguna empresa, dándole beneficios que ninguna otra en ese mercado puede alcanzar.
En contraste, podemos citar a la regulación del mercado financiero como una de las pocas que no significa una amenaza para los consumidores y trata por igual a todos los participantes del lado de la oferta. Aunque dicha regulación significa elevar los costos de transacción para los oferentes, costos que son trasladados a los usuarios, debe aceptarse que sin ella existirían riesgos muy grandes de generar inequidades.
Por la parte fiscal, la neutralidad significa que todos los que están en capacidad de pagar y contribuir deben hacerlo; de otra forma se genera un incentivo muy fuerte para que todos hagan hasta lo imposible por ubicarse precisamente en el segmento que no paga. En estos días que el gobierno ha anunciado una campaña para eliminar la regulación excesiva, debería establecerse como objetivo no sólo eliminar leyes, sino estudiar todas las existentes para determinar cuándo alguna de ellas no es neutral.
Como decíamos arriba, ejemplos sobran y no es necesario gastar enormes sumas para ubicarlas y cambiarlas. El objetivo es que se eliminen inequidades y que los consumidores salgan beneficiados. La importancia de realizar esta actividad es tal, que no dudamos que ya hayan iniciado las labores de cabildeo de muchos participantes en los mercados regulados con sesgos para defender su posición, con el objetivo de defender las ganancias extraordinarias que obtienen manteniendo las cosas como están.
Esto también ha generado un incentivo para que los legisladores no se interesen en regular las actividades de cabildeo, ya que las ganancias que se generan por dichas actividades derivan en beneficios que se reparten entre muchos. Estos recursos, nuevamente, no son obtenidos de la bolsa de ningún empresario, sino de la de los consumidores, que pagan precios más altos que los normales en condiciones de neutralidad. Hacer las cosas mejor y más eficientes es el objetivo.
mrodarte@eleconomista.com.mx