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Militares en San Lázaro
Signos vitales Por: Alberto Aguirre M.
Inusitada resultó la ceremonia en la que el presidente Felipe Calderón impuso condecoraciones a los secretarios de la Defensa, Guillermo Galván, y de Marina, Francisco Saynez Mendoza, por su trayectoria en servicio militar.
Con el gabinete en pleno como testigo, el Ejecutivo federal reconoció el papel clave que estos hombres han desempeñado en éste, el sexenio de la guerra contra el crimen organizado.
Sus méritos son indudables, pero suena exagerado el reconocimiento para quienes han cumplido con su trabajo, ni más ni menos. Pareciera, en cambio, estar dictado por un afán de reconquistar a quien se ha visto agraviado.
Hay una anécdota que explica lo ocurrido: cuando empezaba el año, el general Galván solicitó del Jefe de las Fuerzas Armadas, un permiso especial para entrar en contacto con los presidentes de las tres principales fuerzas políticas del país.
Podía hacerlo con autoridad moral. Y es que en lo que va del sexenio, las Fuerzas Armadas se han mantenido como la institución de la que mejor opina la población.
Las encuestas que encargan a la empresa IPSOS-BIMSA revelan que están calificadas incluso que la Iglesia católica o la UNAM y que el Secretario de la Defensa, a los ojos del ciudadano de a pie, es igual de poderoso que el titular de Gobernación. Y más que el Procurador o el Secretario de Hacienda.
Cuatro de cada 10 encuestados desaprueba la participación de los militares en los asuntos políticos o su postulación a cargos de elección popular. No obstante ese rechazo, el secretario Galván -en honor la disciplina, el principal atributo que le reconoce la gente- contactó a los líderes partidistas para garantizarles que no habría ningún impedimento, si deseaban postular a militares en activo o en retiro, a cargos de elección popular.
Ni el PRI ni el PAN fueron generosos con esa postura. El presidente nacional del PRD, Jesús Ortega Martínez, les abrió espacios, aunque no de la mejor manera. Al general brigadier Austreberto Amador Mendieta, lo mandó a competir al distrito 21 del Estado de México, con cabecera en Naucalpan. Su compañero de fórmula es el general Pedro Armando Rodríguez y ambos pertenecen a una asociación de militares en retiro.
El otro mando castrense que decidió ponerse la casaca perredista es el general Armando Meza Castro, quien por llegar a la edad de jubilación tuvo que separarse de su cargo, como Subsecretario de la Defensa Nacional. Va en el tercer lugar de la lista de candidatos plurinominales del PRD en la primera circunscripción. Será el único militar en San Lázaro.
Meza Castro recibió el mismo trato que el jurista Juventino Castro y Castro, con todo y que el exministro de la Suprema Corte era una de las propuestas de Andrés Manuel López Obrador. Y es que el compromiso de Los Chuchos con el exsubsecretario es de largo plazo: su intención es postularlo, dentro de dos años, como candidato a la gubernatura de Baja California Sur.
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RESTA UN MES para renovar en las urnas la Cámara de Diputados y seis gubernaturas. El consenso entre los encuestadores es que el PRI es el puntero de la contienda, con ventaja estrecha sobre el PAN. En el caso de la elección federal, lo que importa es determinar cuántas curules obtendría cada partido. De confirmarse la tendencia, el PRI tendría 210 y el PAN no pasaría de 170. Del centenar restante, el PRD tendría 80, no más.
TAMBIÉN HABRÁ COMICIOS intermedios en el Distrito Federal y el Estado de México. Allí, el CEN del PRI acaba de desplegar a cinco delegados especiales en cinco municipios que tratará de arrebatar a sus opositores. Ellos son los exgobernadores René Juárez, de Guerrero, quien irá a Cuautitlán Izcalli; el tamaulipeco Manuel Cavazos Lerma, quien llegará a Toluca, y César Camacho, enviado a Metepec. Manuel El Meme Garza, va para Naucalpan y el extitular de Sedesol, Carlos Rojas, a Valle de Chalco.
MALAS NUEVAS recibieron los empleados del único diario capitalino en inglés, The News, quienes al terminar mayo fueron informados que Víctor Hugo OFarril, el heredero de sus fundadores había decidido venderlo al empresario mexiquense Anuar Maccise, quien ahora amplía su emporio periodístico.
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