Miguel, siempre que alguien decide partir tengo por costumbre preguntar si será olvidado o recordado. ¿Qué se dirá de ti en 10, 40 llegarás a ser un antecedente a los 100 años, los recuerdos respetarán tu memoria? Me intriga saber si ese gol ante Guadalajara hace unos años en las semifinales, que tú bien sabes que no anotaste, se te acreditará como aquella épica mano de Dios de Maradona en Inglaterra.

Por el bien de la memoria, lo mejor es que siempre estés en nuestros recuerdos de futbol. Fuiste un portero de enormes cualidades, exitoso, estuviste en un Mundial, pero tu mayor virtud fue en un valor sencillo, muy común, básico: tu responsabilidad (con la vida y tu profesión).

En la mente, me vienen muchos mejores porteros que tú, muchos, pasan de más de cinco en el futbol mexicano. Pero trato de hacer memoria de aquellos que hayan representado siempre con dignidad el profesionalismo de ser futbolista y seguro estarás en todas las elites de cualquier aficionado.

Recuerdo cuando el balón se te escabulló entre las manos tras un tiro de rutina de Dante López en la final ante Pumas, ¿recuerdas?, seguro que sí porque has dicho que ha sido uno de los momentos más dolorosos. Pero este mal recuerdo, estoy seguro, será de lo poco malo que se hable de ti o si se habla jamás se ponderará tanto como cuando en el 2007 decidiste tomarte tu tiempo, derrotar a la trombosis, seguir, y que más de 20,000 personas aclamaron tu nombre en el Estadio Hidalgo cuando te retiraste.

Contigo lloramos muchos aquella noche. No nos conoces y seguro jamás sabrás de nosotros, pero las lágrimas representaban un homenaje y respeto al respeto que tú siempre nos brindaste a los aficionados.

Jamás dejaste de demostrar que en el futbol lo más importante para ti éramos todos aquellos que te veíamos en la cancha. Por eso será difícil olvidarte, porque hiciste de lo más básico, el compromiso, un activo que se queda impregnado en la memoria.

Los teóricos de la memoria a largo plazo dicen que una canción, un video, una foto nos activan los recuerdos, de esos hay muchos tuyos.

Yo tengo muy presente cuando levantaste la Copa Sudamericana o cuando echaste a reír y hacer con tu dedo la señal de no a Landon Donovan en el penal de la Superliga, quizás aquella noche te hicimos más mexicano de lo que decía ya tu acta de naturalización.

Qué difícil es pasar intocable 10 años, tú lo viviste en Pachuca porque jamás se te reprochó nada, no había por qué hacerlo si siempre hubo compromiso de corazón en cada lance.

Es una obligación para todos decir que has sido uno de los extranjeros más gloriosos que han estado entre nosotros: que no te quepa la menor duda de que estás a la altura de Miguel Marín o Héctor Miguel Zelada.

Seguro en unos 30 años la marca que vista a Pachuca deberá sacar uno de tus suéteres conmemorativos, como ese naranja o verde chillante, o la versión que vestiste en el 2001 en el centenario del club.

Hablarán de ti como un portero de cualidades extraordinarias, de tu gol desde media cancha en Colombia, de lo injusto que fue que nunca te hayas consolidado como titular como portero de Colombia o el cabezazo ante Jaguares de Chiapas. Hasta es probable que lo menos que se hable de ti sea del compromiso que siempre tuviste para nosotros los hinchas, pero no te apures porque ésa es la razón del porqué jamás te olvidarás.

Yo, un aficionado, periodista, te haré memoria en muchos años más cuando me pregunten: dígame qué grandes porteros del futbol mexicano recuerda, mis ojos jamás vieron a alguien como Miguel Calero y hablaré de tus hazañas, de las tantas que me sean posibles y también diré que fuiste un modelo porque siempre respetaste a tu profesión y te comprometiste en todo momento con la grada.

Tu nombre representa la modernidad en la historia de nuestra Liga, un extranjero emblemático porque siempre contribuyó a hacer todo mejor.

Para el 2016 o el 2017 estarás en el Salón de la Fama, en Youtube habrá más de 100 videos con tus mejores atajadas y, por qué no, hasta el Estadio Hidalgo se llame en unos años más estadio Miguel Calero.

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