Miguel Bosé, sí, el cantante español, se opone “rotundamente a la implantación de la red 5G”. Eso se lee en su cuenta de Instagram que tiene más de 868 mil seguidores. Bosé es una figura pública reconocida y lo que diga o respalde puede ser sensible, dañino y ser creído por millones de personas, incluidas las versiones no verificadas o completamente falsas de los “efectos perjudiciales” de 5G que él contribuye a propagar.

El 11 de abril (cuando empezaba a descender el pico de contagios y fallecimientos por coronavirus en España) el también actor se sumó al ¡llamamiento internacional! para detener la implantación de 5G en la Tierra y el espacio. Llamó a firmar un desplegado del sitio 5gspaceappeal.org en el cual “científicos, médicos, representantes de organizaciones medio ambientales y otros firmantes de 204 países piden con urgencia que se paralice el despliegue de la red inalámbrica 5G”, que de por sí iba bastante lento antes de la pandemia.

Esos representantes del mundo son: de África, Asia, Australia y América del Sur, uno de cada región, más cuatro de Europa y dos de América del Norte. O sea, diez personas son los convocantes y representantes de 204 países. El líder es Arthur Firstenberg, un activista estadounidense que desde 1996 se opone al peligro de la radiación electromagnética de las tecnologías inalámbricas por haber desarrollado hipersensibilidad debido a 40 radiografías dentales.

Firstenberg asegura que "la industria de las telecomunicaciones ha suprimido la evidencia dañina sobre su tecnología desde al menos 1927". Ha defendido a personas hipersensibles o alérgicas al electromagnetismo, pero ha perdido todos los juicios por falta de evidencia. Chuck McGill, el envidioso hermano de Jimmy McGill, finge ser alérgico a la electricidad y las radiofrecuencias en la serie Better call Saul, precuela de la extraordinaria Breaking Bad.

En lo más álgido de la pandemia la publicación de Bosé en Instagram alcanzó 23,673 “Me gusta” y 2,737 comentarios, incluidos cuestionamientos al artista por divulgar información falsa, porque no todos se creyeron el cuento. En medio de la emergencia sanitaria global se dijo que los daños al medio ambiente ocasionados por 5G habían originado el coronavirus. O sea, una tecnología que apenas inicia en muy contadas ciudades desató por generación espontánea una pandemia que tiene agobiado al mundo.

Tan sensibles como estamos a las conspiraciones y fake news, antes de que Bosé confundiera a algunos de sus seguidores, un personaje tildado de charlatán, Thomas Cowan, declaró que la pandemia de Covid-19 es causada por 5G y que cada gran epidemia de la historia ha sido provocada por un salto “cuántico" en la electrificación de la Tierra.

Posteriormente, un falso ex ejecutivo de Vodafone (que en realidad resultó ser un pastor evangelista británico llamado Jonathon James) “reveló” en YouTube y WhatsApp un complot global para “instalar torres de telefonía móvil 5G, rastrear a la población mundial a través de vacunas [de esto se culpó a Bill Gates de Microsoft] y luego destruir la sociedad humana tal como la conocemos”.

El predicador llegó a decir que “están utilizando el coronavirus para tratar de ocultar el hecho de que las personas mueren por la frecuencia 5G”… incluso en el 99% del planeta que no tiene redes 5G. La Organización Mundial de la Salud tuvo que pronunciarse. Aclaró que las redes 5G no propagan Covid-19: “los virus no se desplazan por las ondas electromagnéticas ni las redes de telefonía móvil. La Covid-19 se está propagando en numerosos países en los cuales no existe una red 5G”.

Tras la prédica de ambos jinetes del Apocalipsis, habitantes del Reino Unido comenzaron a incendiar “antenas 5G” por considerarlas causantes de las muertes. Uno de los mástiles vandalizado colindaba con un hospital para Covid-19 en Birmingham. Los enfermos sólo establecen contacto con sus familiares a través de videollamadas en tabletas que les facilitan los médicos, pero habían incendiado la radiobase. La piromanía contra las torres inalámbricas se extendió por varios países de Europa, incluso contra ingenieros y operadores.

Fue tal la conmoción (en Reino Unido se registraron 60 incidentes) que el Primer Ministro británico, Boris Johnson, se pronunció: “las redes telefónicas son utilizadas por nuestros servicios de emergencia y estoy absolutamente indignado, asqueado de que la gente pueda atacar la infraestructura que necesitamos precisamente para responder a esta emergencia sanitaria”. El Secretario de Estado de Infraestructura calificó los ataques como "irresponsables e idiotas".

La Oficina de Comunicaciones (Ofcom) de Reino Unido (que sí procura los derechos de las audiencias, no como en México) recibió 755 quejas contra el presentador Eamonn Holmes de la segunda televisora ITV porque sus palabras sobre la teoría conpiracionista “contenían comentarios potencialmente dañinos sobre un supuesto vínculo entre el coronavirus y la tecnología 5G”. Se habló de multar e incluso retirar la licencia a ITV por difundir la noticia falsa.

Para el regulador británico los ataques a los mástiles causaron “un daño significativo al público en un momento de crisis nacional”. Sobre los comentarios del conductor de TV, la Ofcom emitió una guía: “los presentadores deben tener especial cuidado y deben actuar de manera responsable, y tener plenamente en cuenta el impacto de su papel en los espectadores, al articular puntos de vista que podrían socavar la confianza de la audiencia en cualquier información oficial de salud pública durante un momento de crisis nacional de salud, como la pandemia de coronavirus”.

La conjura nos enseña que la autoridad y los propios operadores de telecomunicaciones no han sabido comunicar los beneficios de las tecnologías digitales. Los desarrolladores no han logrado convencer del valor disruptivo de 5G pero muchos habitantes del planeta sí están persuadidos de su daño a la salud e incluso creen que causó el coronavirus. Los gobiernos no han sido suficientemente activos para acercar a la población los satisfactores de las TIC ni de adoptar la transformación digital que traerá 5G. Abundan autoridades municipales que impiden la instalación de infraestructura por imposturas como las propagadas por el pastor británico y el cantante español.

*El autor es presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi).

Twitter: @beltmondi

Jorge Bravo

Analista de medios y telecomunicaciones y académico de la UNAM

En comunicación

Estudio los medios de comunicación, nuevas tecnologías, telecomunicaciones, comunicación política y periodismo. Autor del libro El presidencialismo mediático. Medios y poder durante el gobierno de Vicente