Un reciente reporte[1] sobre la práctica del microcrédito para vivienda, a partir de encuestar a 48 instituciones de todo el mundo, muestra las tendencias y los retos de este dinamismo. Hallazgos relevantes: a) el microcrédito para vivienda está en ascenso, tanto por ser una respuesta a demandas de la población pobre y excluida, como por aumentar las instituciones y la oferta de productos; b) se ofrecen para diversos fines: mejoramiento, ampliación, vivienda nueva y compra de tierra; c) hay pocas innovaciones, aunque algunas instituciones impulsan el uso eficiente de energía o prevén riesgos de desastres naturales; d) tasas de interés menores a 30 por ciento.

Algunos aprendizajes reportados son: los microcréditos para vivienda son igual o más redituables que otros créditos; la asistencia técnica (cuando se da) es práctica indispensable pues educa a los acreditados en hacer presupuestos, prácticas constructivas, capacidad de pago y pago puntual. Para muchas instituciones, ofrecer microcréditos para vivienda genera una demanda no visible. Esto trae consigo ciertos cuellos de botella: requerimiento de mayor capital para prestar; incapacidad para dar asesoría técnica personalizada, además de elevados costos; escasez de tierra para vivienda y falta de título de propiedad, que conlleva un riesgo para quien construye en tierra sin respaldo legal.

En México hay amplias evidencias de que las familias pobres que reciben microcréditos dedican buena parte de ellos a mejorar sus viviendas. Sin embargo, la asesoría técnica es una carencia grave: casas sin planeación, con importantes fallas constructivas, con escasa ventilación e iluminación, etc.

La Cruzada Nacional contra el Hacinamiento, anunciada recientemente por Rosario Robles, secretaria de la Sedatu, corre estos riegos, ya vistos en México. Cuartos convertidos en bodegas, alejados de las viviendas, gestionados para obtener apoyo. En cambio, la experiencia acumulada por Conavi junto con la Red de Producción Social de Vivienda Asistida, muestra que el microcrédito, acompañado de ahorro y un subsidio y con fuerte componente participativo en la solución de la vivienda, tiene indiscutibles resultados, pues ni la asistencia técnica y la supervisión, ni la participación de los acreditados son optativas; constituyen un componente fundamental. Un hecho que no se muestra en el reporte arriba mencionado es el género de los acreditados con microcrédito. Sin embargo, en México hay datos que muestran una predominancia de las mujeres como actrices en esta transformación de su vivienda. En algunas organizaciones que han otorgado más de 5,000 créditos con subsidio, 82% son mujeres. Así que los efectos colaterales de una política de vivienda que incluya participación activa, aportación real (a través del crédito y el ahorro) y asesoría técnica no sólo incide en mejores y más saludables viviendas, sino en mayor protagonismo de las mujeres, personas más participativas, con nuevas experiencias de decisión y gestoras de su propio futuro.

Nota marginal: la Campaña Nacional contra el Hacinamiento se ejecutará únicamente en 15 estados; en 11 habrá elecciones en el 2016. El único estado donde habrá elecciones y no se ejecutará el programa es Veracruz. Extraña coincidencia. Estarán tentados a dar cuartos a cambio de votos 11 estados. ¿Es mucho sospechar? Populismo puro.

* Experto en microfinanzas y coordinador de Cosechando Juntos lo Sembrado.

[1] www.cisf-hmf-survey-2015