“La edad de piedra no se terminó por escasez de piedras, y la edad del petróleo no llegará a su fin por escasez de petróleo”, sino que se desliza hacia ello como saldo inevitable de la lucha contra el calentamiento global, y del alucinante avance tecnológico que corre a través de la electrificación de todo lo posible. La era del petróleo termina con el advenimiento y despliegue a gran escala de energías limpias eficientes y baratas, trenes motrices eléctricos en vehículos, hidrógeno verde, baterías de alta capacidad, líneas de transmisión de corriente directa a grandes distancias, redes eléctricas inteligentes, internet de las cosas, inteligencia artificial, procesamiento masivo de datos, geolocalización e información geoespacial, miniaturización casi infinita de microprocesadores (y tal vez la computación cuántica), y con el regreso en puerta de la energía nuclear con nuevos diseños modulares e intrínsecamente seguros.

El ambiente global se va saturando de evidencia científica, compromisos y presiones para descarbonizar el sector energético y las economías mundiales, con la meta de llegar a la mitad del siglo con cero emisiones netas de gases de efecto invernadero. Todo apunta hacia allá, desde el fortalecimiento del Acuerdo de París, hasta los objetivos de China y Europa, y los ambiciosos planes de Joe Biden por asumir liderazgo climático y llevar a los Estados Unidos a emisiones netas de cero antes del 2050. Ahora, también, el capitalismo, por sí, se convierte en poderosa fuerza de cambio con la incorporación expresa y rigurosa del riesgo climático en las decisiones financieras a largo plazo, con diversos instrumentos y mercados financieros verdes, y nuevas reglas de gobernanza corporativa que han abierto la puerta al activismo ambientalista en los consejos de administración de las grandes empresas multinacionales, incluyendo, sí, a las empresas petroleras globales. Ya sabíamos de los golpes de timón hacia las energías limpias y la descarbonización en las empresas petroleras emblemáticas europeas, como BP, Shell, Total y ENI. Ahora toca el turno a la más grande del mundo, la norteamericana Exxon Mobil.

Exxon Mobil ha sido la bête noire de los ambientalistas, la empresa petrolera más poderosa, durante mucho tiempo, carente de pudor ambiental y climático; incluso militó abiertamente en contra de la ciencia del calentamiento global a lo largo de décadas. Ahora se encuentra en el punto de inflexión más importante de su historia. En la reunión de accionistas de hace algunas semanas (mayo 26), una coalición de grandes fondos de pensiones de California y Nueva York logró nombrar hasta tres directores ambientalistas en el consejo de administración. (Algo similar ocurrió el mismo día, coincidentemente, con Chevron). Ellos tienen el mandato de promover e introducir una estrategia clara de reducción de emisiones de CO2, después de que la empresa fue expulsada del Índice Dow Jones apenas hace un año, y de que sus acciones sufrieron por ello una caída estrepitosa. Así, Exxon Mobil se suma a BP, que se ha comprometido a reducir la intensidad de carbono de sus productos en 50% en los próximos 30 años; y a Shell, cuyo consejo de administración recientemente aprobó llegar a neutralidad de carbono al 2050. Más aún, recordemos que un juez en Holanda ordenó a Shell reducir sus emisiones en 45% para el 2030. Por estas razones Shell vendió la refinería de Deer Park en Texas al gobierno mexicano, quien pagó la mitad de las acciones con los recursos disponibles de FONADIN y del FONDEN, un acto no solamente de insensatez y obsesión regresiva, sino de suprema estulticia política que dejará sin recursos de inversión para infraestructura y servicios públicos a estados y municipios, y sin fondos para la atención de desastres naturales.

Estas decisiones desquiciadas del gobierno mexicano ocurren en un escenario en que el costo de emitir carbono a la atmósfera irá creciendo inevitablemente, y que la propia Agencia Internacional de Energía (AIE) ha advertido el imperativo de detener todas las inversiones en proyectos petroleros cuanto antes, con el objetivo de que el sector energético en el mundo alcance neutralidad de carbono en 2050.

 

Twitter: @g_quadri

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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