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Opinión

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México pierde rumbo diplomático

Estados Unidos reconfigura la geopolítica continental a través de su reconocimiento a Juan Guaidó.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Sorprende que en pleno siglo XXI se desempolve a la Guerra Fría para diseñar una cartografía del horror. Cuba, Nicaragua, Bolivia y México, formados a la izquierda; Estados Unidos, Colombia, Brasil y Argentina, a la derecha. Quienes dibujan el escenario venezolano de esta manera caricaturizan la crisis humanitaria que destapó Maduro desde que llegó al Palacio de Miraflores a través de un fraude electoral en el 2013.

Henrique Capriles me dijo en el verano del 2016 que evitó un derramamiento de sangre al no salir a las calles a protestar el fraude. Otro escenario, pero radicalmente diferente, ocurrió en las elecciones presidenciales del año pasado donde Maduro cosechó el producto de cinco años de trabajo que le llevó a aniquilar a la democracia de su país.

La ruta crítica está documentada: al llevar a Leopoldo López a la cárcel, Maduro dividió a la oposición sabiendo que al separar la bicefalia Capriles/López convulsionaría la estructura de partidos políticos. Así ocurrió.

Posteriormente, Maduro hizo trabajo de sucia plomería: impidió que la oposición le aplicara un referéndum revocatorio desde la Asamblea Nacional. Al hacerlo, violó la constitución chavista. Posteriormente parchó a la Asamblea Nacional a través de la espuria asamblea constituyente formada por sus cuates que, en votación a dedo levantado, deciden lo que Maduro quiera.

Finalmente, el 21 de mayo pasado, con los hilos del poder electoral en sus manos, Maduro se declaró presidente con los principales opositores encarcelados.

Por lo anterior, llama la atención el comunicado de la Secretaría de Relaciones Exteriores publicado la tarde de ayer: “En apego a nuestros principios constitucionales de no intervención, autodeterminación de los pueblos, solución pacífica de controversias internacionales (...) México no participará en el desconocimiento del gobierno de un país con el que mantiene relaciones diplomáticas”.

Un gran esfuerzo para buscar en el anticuario de la retórica frases huecas frente a la ruta del horror elaborada por Maduro.

El gobierno de López Obrador pasa por alto la oportuna injerencia que tuvo frente a las dictaduras de Franco y Pinochet; también olvida la injerencia del gobierno de López Portillo en Nicaragua al apoyar al frente sandinista de Daniel Ortega para terminar con la dictadura de Anastasio Somoza. Y lo hizo a través de financiamiento y armas.

México y España planearon un escenario cuyo objetivo sería el regreso a la negociación. Para afinar los detalles, el presidente Pedro Sánchez viajará a México la próxima semana (30 y 31 de enero). Después de lo ocurrido el plan de López Obrador y Sánchez ha entrado a terapia intensiva. Estados Unidos reconoce a Guaidó como presidente de Venezuela y Maduro detonó una bomba que estallará el sábado, 72 horas después de su ultimátum para que todos los diplomáticos de Trump evacúen Venezuela.

Maduro sin el mundo, un político sin oxígeno. La llegada de Bolsonaro lo desestabilizó. El arribo de Iván Duque perfeccionó la estrategia de Trump a través de Marco Rubio y Carlos Vecchio. Pero la llegada de López Obrador enterneció al dictador a pesar del “comes y te vas” que le aplicaron el 1 de diciembre en Palacio Nacional.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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