Muchos políticos, analistas, periodistas y académicos se apresuraron a decir, luego de las elecciones del 6 de junio, que México era uno solo, que era indeseable la división. Es cierto, es indeseable, pero existe. Negarlo con argumentos políticamente correctos, pero basado en wishful thinking más que en realidades no resuelve la división solo es un cierre de ojos ante ella.  

Un hecho que parece marginal, pero no lo es: luego de los comicios circularon varios memes que mostraban a la Ciudad de México con una división entre oriente y poniente. Algunas de esas imágenes lo compararon con Berlín, Alemania, antes de la caída del muro fronterizo, ocurrida en 1989. Otras hablaban de que la división se debía a que unos pagaban impuestos (poniente) y otros recibían los programas de gobierno con la mano extendida (oriente).

No es un secreto que muchos de estos memes fueron hechos y celebrados por personas que se identificaron con votos anti-AMLO. Cierto que las bromas y el sentido del humor son consustanciales al ser humano, pero detrás de ellos también pueden esconderse dos viejos conocidos de la sociedad mexicana: clasismo y racismo.

Cuando el presidente López acusa a sus enemigos, eufemísticamente llamados adversarios, de racistas y clasistas no se equivoca. Buena parte de quienes votaron en contra de Morena lo son. Pero desgraciadamente estas características no son exclusivas de ese lado. También existen en los que votaron a favor del partido del mandatario. El colmo de esta actitud lo ha mostrado el propio López Obrador, que al menos en dos ocasiones ha comparado a la gente pobre con mascotas. Como sociedad, tenemos que trabajar mucho para erradicar o minimizar estas actitudes.

Dice el presidente López que él no invento la división. También es cierto, pero la ha utilizado a su favor y ha ayudado a ahondarla a niveles peligrosos. No es el único responsable, pero es el principal. He escrito aquí que el proyecto personal de apropiarse de la mayor cantidad de poder equivale a un golpe de Estado en cámara lenta.  Lo reafirmo y agrego que promover la división no es solo una característica de su forma de gobernar, sino parte de una estrategia.

México no es el único país en donde la división de la sociedad es alta. Una mirada hacia el norte y el sur muestra que las sociedades norteamericana, peruana, venezolana, etc., también están divididas, atravesando conflictos más o menos graves que ponen en peligro la posibilidad de los arreglos pacíficos. Sin embargo, ahí donde las instituciones resisten y trabajan de manera adecuada se puede vivir con estas divisiones.

La división de la sociedad mexicana no es geográfica, pero tiene elementos que lo son; no es por diferencias de clases sociales, pero tiene elementos que lo son. En el texto de la semana pasada se señalaba que la votación del 6 de junio se debía a varios factores, entre ellos las posturas, los sentimientos y las ofertas políticas. La alianza opositora canalizó en buena medida los sentimientos anti-AMLO, pero sin ninguna oferta en concreto. AMLO tiene muchas ofertas políticas que son, en realidad, promesas que realmente se ven difíciles de cumplir. Pero la esperanza juega en política, de un lado y de otro.

Muchas personas que votaron por Morena lo hicieron por empatía con las posturas del presidente. Pero muchos votaron a su favor con la nariz apretada y los ojos bien abiertos. No les gustan muchas cosas que hace o no hace este gobierno, pero los convence menos la oposición y lo que representa. No olvidan el pasado, los discursos primermundistas que terminaron en crisis, las privatizaciones que derivaron en encarecimiento o malos servicios y un largo etcétera.

La oposición al proyecto de López Obrador está basada sobre todo en las equivocaciones (que son muchas) del mandatario, a su desgaste personal y a su ignorancia y simplismo. Se puede caminar basado en esto, pero no se puede ir muy lejos. La unidad electoral no es un proyecto; la unidad legislativa tampoco. Solo son primeros pasos para desarrollar proyectos comunes de partidos que son diferentes ideológicamente.

Se deberán desarrollar estos proyectos y ofertas comunes hasta donde se pueda. También hacer crecer liderazgos creíbles. Es muy probable que las oposiciones hayan equivocado el método, tal vez debieron desarrollar las ofertas comunes primero y luego caminar en las alianzas. Ya se verá si el orden de hacer las cosas impactará positiva o negativamente en los resultados.

Acabar o minimizar los riesgos de las divisiones sociales no se logra con discursos o buenos deseos. Menos con las negaciones altruistas. Primero hay que entender las razones de estas divisiones y luego proponer soluciones. Lo cierto es que México es un país dividido, quién sabe hasta dónde.