La trágica muerte de la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso, y de su esposo, el senador Rafael Moreno Valle, ha puesto de manifiesto, más que cualquier otro evento, la fractura que hoy existe en la sociedad mexicana.

Al saberse la muerte de estos jóvenes políticos, de inmediato en las redes empezaron a darse dos tipos de reacciones: unos celebraban la muerte de los fallecidos y otros acusaban al gobierno de un atentado.

El nivel del lenguaje utilizado, por unos y otros, tenía una alta dosis de violencia que es inadmisible.

Hoy las redes son la expresión más clara y abierta de la fractura que existe en el país. Ignorarla es irresponsable.

En los funerales de Alonso y Moreno Valle en la plaza de la Victoria de Puebla un sector de los asistentes gritaba: “¡Justicia! ¡Justicia!”. Y al momento de mencionar la presencia de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, empezó otro grito: “¡Fuera! ¡Fuera! ¡Asesinos! ¡Asesinos!”, en clara referencia al gobierno federal.

Ante esta reacción, del todo injustificada, el presidente se metió al juego en las redes y con su explicación para justificar por qué no asistió al evento, que era su obligación, cuando dijo que fue por el ambiente “mezquino que crearon los conservadores de siempre”.

Añadió, para echarle más lumbre al fuego y activar a los suyos en las redes, que “los de la derecha, además de la hipocresía y de caracterizarse por ser muy corruptos, son muy mezquinos”.

El presidente en lugar de llamar a la calma y pedir mesura de todas las partes decide participar en la disputa y abonar a la fractura. Su lugar es ponerse por encima de todos. No lo hace. Opta por entrar al conflicto y hacerlo todavía más grande.

Hoy México está fracturado como nunca lo había estado en los últimos 70 años. El evento de Puebla marca un nuevo nivel en la confrontación, del todo irracional, entre esas dos partes.

Todo indica que la fractura se va a seguir profundizando y que la pasión y la irracionalidad, de unos y otros, expresada en las redes y eventos públicos y privados seguirá escalando niveles que a nadie conviene.

Por el bien del país, y antes de que ocurran eventos trágicos que nadie quiere, hay que frenar el proceso de fractura y empezar el arduo trabajo de unir a las partes. En juego está la paz y la prosperidad del país.

En el México de hoy el único que de manera significativa puede iniciar esta tarea es el presidente de la República. Para eso debe actuar como el presidente de todos y no de sólo una parte de los mexicanos.

Es también necesario que evite reaccionar con insultos y descalificativos a quienes lo critican o se manifiestan abiertamente en desacuerdo con lo que hace. Eso incluso si son comentarios injustos. Él debe estar más allá de esas posiciones.

Es también su responsabilidad invitar a todos los mexicanos, a quienes se expresan en las redes, a poner un alto a la confrontación y a la descalificación de unos y otros. En este momento, su postura y su ejemplo tendría una enorme fuerza.

Twitter: @RubenAguilar

RubénAguilar

Asesor Político

Convicciones

Licenciado en filosofía, maestro en sociología y doctor en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe, México). Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). De 1966 a 1979 estuvo en la Compañía de Jesús.