En noviembre, México presidirá el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Será uno de los momentos de mayor implicación en temas internacionales que tendrá el presidente López Obrador durante su sexenio a través de su representante ante las Naciones Unidas, el doctor Juan Ramón de la Fuente.

No hay tregua en el mundo en lo que parece ser una cascada de conflictos en el mundo. Al revisar algunas de las actas del Consejo de Seguridad nos damos cuenta de la situación. Por ejemplo, en la última sesión del Consejo de Seguridad del mes de septiembre aparece una resolución sobre la situación de Libia. Un país que acarrea, particularmente desde el asesinato de su presidente Muamar Gadaffi, una serie de problemas políticos que no terminan por encontrar soluciones.

La resolución 2599 fue presentada por el Reino Unido y votada a favor por unanimidad, es decir, México y los 14 miembros restantes del Consejo de Seguridad están a favor de en Libia haya elecciones el próximo 24 de diciembre.

Dame Barbara Woodward, representante británica ante el Consejo de Seguridad comentó al respecto: “Es esencial que las elecciones se celebren en la fecha prevista, y también que sean creíbles e inclusivas”.

La interacción que tiene México con el mundo es activa porque se encuentra en primera fila de un mecanismo tan importante como lo es el Consejo de Seguridad. Las relaciones diplomáticas entre los integrantes pueden evolucionar para bien y se pueden eliminar pequeños obstáculos que impiden que fluya la relación.

Ayer mismo, el secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard agradeció a Liz Truss, Secretaria de Estado para las Relaciones Exteriores de Reino Unido, su participación para que México abandone el semáforo rojo sanitario desde la próxima semana, lo que significa que los mexicanos ya no serán sujetos a cuarentenas de confinamiento cuando viajen a Reino Unido.

No quiero decir que gracias a que estamos presentes en el Consejo de Seguridad ocurre este tipo de decisiones, pero sí es claro que las externalidades positivas de permanecer en este mecanismo pueden reflejarse en múltiples temas de la agenda de México.

Otro de los aspectos de enorme valor que tiene México desde el Consejo de Seguridad es la posibilidad de empujar su propia agenda. En un discurso del doctor Juan Ramón de la Fuente del pasado 23 de septiembre, indicaba la necesidad de reformar el Consejo de Seguridad en el tema de los miembros no permanentes: “Una reforma que incremente únicamente los asientos no permanentes, con mandatos de largo plazo y con posibilidad de reelección inmediata es viable”.

Al parecer, el presidente López Obrador viajará el próximo mes a Naciones Unidas. Tendrá la oportunidad de presidir la sesión del Consejo de Seguridad. Un momento sin lugar a dudas importante para él y el país en general.