Esta semana se presentó el reporte anual del Índice de Progreso Social que registra el colectivo de académicos organizados en “México, ¿cómo vamos?” (MCV). Este Índice es muy interesante porque, además de estar desagregado por entidades, se desmarca de los indicadores macroeconómicos y se acerca a medir, con rigor y objetividad, esa cosa extraña que podemos llamar bienestar.

Los tres grandes rubros a los que se asoma MCV son Necesidades básicas, Bienestar y Oportunidades, que desdobla en indicadores medibles como nutrición y cuidados médicos, acceso al conocimiento básico, libertad de elección, agua, vivienda, calidad medioambiental y cobertura universitaria, entre muchos otros.

Lo que es genial de asomarse a estos estudios es que, una vez que empiezan estos científicos sociales, se clavan en ello y le siguen, lo que nos permite comparar el status quo más allá de las mediciones del PIB y sin fijarnos tanto en los cortes sexenales. Para fortuna nuestra, este Índice incorpora cifras de los últimos cinco años, lo que permite echarle un vistazo a la tendencia mexicana para ser y hacernos mejores.

Entonces, ¿cómo vamos? ¿Estamos peor? A grandes rasgos no. A grandes rasgos la tendencia, con todo y pandemia de por medio, es la constante mejora, piquitito a piquitito, cada año, en la mayoría de los aspectos. A grandes rasgos, escribí... pero ¿quién vive a grandes rasgos? ¿A quién le sirve el promedio nacional de cobertura universitaria si cuando se desglosa hay una sola entidad que presenta buena cara? ¿A los guerrerenses les sirve que el promedio nacional del Índice haya subido dos puntitos en cinco años cuando ellos han subido hasta cinco pero no logran salir del peor lugar nacional?

Pero les digo, a grandes rasgos y para fines nada más de brochazo para conocer tendencias, no estamos peor. ¿Eso significa que estamos bien? No. Primero porque aunque la mejora había sido constante, piquito a piquito, hasta 2018, en 2019 tuvo un ligero descenso. Y segundo, porque la mejora de la que hablo no nos coloca en el lado verde del pasto.

El estudio de MCV lo demuestra midiéndonos con otros países, y luego poniendo la lupa en cada componente y en cada estado mexicano. Al medirnos con el mundo, es un gran alivio saber que estamos lejos de Sudán, que es el peor páramo en todos los indicadores de bienestar, pero no se puede cantar victoria en ningún rubro: entre 168 países, México ocupa el lugar 160 en homicidios, el lugar 124 en educación de calidad, el 129 en acceso equitativo a servicios de salud de calidad, y el 136 en acceso a instituciones de justicia.

Ahora, calibrando la visión, el panorama es peor pues en muchos aspectos pasamos de panzaso o de plano no pasamos. ¿Nutrición y cuidados médicos? El país tiene 60 de 100 puntos del indicador, pero Tabasco, por ejemplo, tiene 32. Eso significa que no cubre ni con la mitad de lo que se necesita para estar bien. ¿Agua y saneamiento? Hay 10 estados que gozan de un puntaje superior a 90, pero Guerrero registra 18 y eso que ha mejorado. En 2015 tenía 16 puntos de 100. Oigan, estos no son sólo números. Es el registro de una dolororosísima realidad para millones de mexicanos que no se va a resolver con distribución de efectivo.

¿Otro espantoso acercamiento? Acceso a conocimientos básicos. Sólo tres estados alcanzan 40 puntos de 100. Uno solo, la Ciudad de México, llega a 75 puntos y en todos los demás es probable que haya grandes sectores de la población que piensen que la tierra es plana.

Así que entonces, regreso a la pregunta: ¿Cómo vamos? ¿Estamos peor? No. ¿Estamos mejor? Un piquito y en algunas cosas y no todos. ¿Estamos bien? Definitivamente no. Estamos muy lejos de tener un promedio aceptable, pero además, tenemos un escalofriante escenario en educación y salud, un peligroso retroceso en seguridad personal y un presidente que duerme bien cuando le dicen que tendrá dinero para repartir a los más pobres.

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.

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