De acuerdo a Global Forest Watch, Campeche ha perdido 760,000 hectáreas de bosques tropicales en los últimos 20 años, proceso que contribuye a colocar a México en el Top Ten de deforestación entre las naciones del mundo. Las causas han sido y son la expansión de la ganadería de reses, la agricultura comercial y la agricultura de subsistencia. Más recientemente, el cultivo de soya se ha asumido como el principal vector de destrucción en los bosques tropicales de la península de Yucatán. Las autoridades agropecuarias de México y del estado de Campeche han permitido y alentado, desde 2007, el exterminio de más de 60,000 hectáreas de selvas para dar paso a grandes explotaciones mono-específicas de soya modificada genéticamente, que requiere la aplicación masiva del herbicida Glifosato (conocido comercialmente como Roundup). Tanto las semillas transgénicas de soya como el Glifosato (producidos por la empresa Monsanto, absorbida por la firma alemana Bayer) se encuentran envueltos en controversias legales, aunque han encontrado diversas vías para su implantación en la Península. Los protagonistas en la deforestación de las selvas de la península de Yucatán, de la plantación masiva de soya y de la aspersión de Glifosato han sido más de 12,000 menonitas que habitan en 18 colonias en Campeche, y en varias más en Quintana Roo. En Campeche, se concentran principalmente en Nuevo Durango y El Temporal, en las inmediaciones de Hopelchén, Xmabén, Comchén y Tinún; en Quintana Roo, al noroeste de Chetumal.

Los menonitas, un grupo religioso fundamentalista originario de la antigua Prusia, que habla un arcaico dialecto alemán, viven aislados, no se mezclan con poblaciones locales, no ingresan a escuelas públicas y rechazan el uso de elementos tecnológicos (excepto en la agricultura, claro está). Arribaron a México en la década de los años 20 del siglo pasado, en especial a Chihuahua, y hoy viven en nuestro país más de 100,000 menonitas. Son un conglomerado particularmente prolífico, con tasas de fecundidad de entre 8 y 10 hijos por mujer. Así, hacia 1980, las tierras de Chihuahua ofrecidas por el gobierno mexicano se hicieron insuficientes y comenzaron a emigrar a la Península de Yucatán, donde, a sus ojos, existían abundantes terrenos “baldíos”, que en realidad se encontraban cubiertos de extraordinarios bosques tropicales. Así inició la colonización menonita en la región. La multiplicación poblacional menonita hizo que se fueran expandiendo sus colonias a través de la compra o arrendamiento de tierras ejidales (recordemos que en Campeche y Quintana Roo predominan grandes ejidos de carácter forestal). Los ejidatarios gustosos aceptan las ofertas y los menonitas proceden al desmonte o deforestación de las tierras para transformarlas en plantaciones agrícolas, hoy esencialmente, soya, y en cierta medida, maíz. Muchos campesinos mayas incluso trabajan para ellos, a pesar del choque cultural, social y ambiental que todo esto implica. Y a pesar, también, de una confrontación económica cada vez más intensa y devastadora.

Campeche es productor de mieles de abeja (Melipona beecheii) de alta calidad, que son exportadas con certificación ambiental y orgánica a Europa y Estados Unidos. Las abejas requieren grandes extensiones de selva o vegetación natural para forrajear y alimentarse con polen y néctar, que son la materia prima para la elaboración de miel en los apiarios ejidales; estos representan una de las fuentes de empleo e ingreso más importante para numerosas poblaciones campesinas del estado de Campeche. Y aquí viene el frente de guerra: la deforestación llevada a cabo por los menonitas, además de exterminar el capital natural y la biodiversidad de la Península de Yucatán, destruye el espacio vital de las abejas, mientras que el uso del herbicida Glifosato elimina decenas de especies de plantas herbáceas que les proporcionan alimento, y las impacta directamente al afectar su metabolismo. Económicamente esto es un desastre para los campesinos mayas de Campeche. Pero ninguna autoridad molesta a los menonitas, la Semarnat está incapacitada, la Profepa desmantelada, y la Sader guarda silencio.

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Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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