Para la agricultura moderna, el suelo es uno de sus principales recursos naturales que le exige a los productores hacer un manejo sostenible del mismo para que su actividad sea productiva y, en consecuencia, rentable

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO por su sigla en inglés) menciona que los suelos son un recurso clave para la producción de alimentos, así como para generar bienes y servicios esenciales para los ecosistemas y el bienestar humano. El mantenimiento o la mejora de los recursos mundiales de suelos son esenciales para satisfacer las necesidades globales de alimentos, agua y seguridad energética de la humanidad. En concreto, los aumentos previstos en la producción de alimentos, fibras y combustibles que se exigen para alcanzar la seguridad alimentaria y energética supondrán mayor presión sobre los suelos.

La superficie con actividad agrícola de México es de 31.1 millones de hectáreas, que corresponden a 15.91% de la superficie total nacional; entre sus principales problemas están la degradación de suelos por prácticas agrícolas inadecuadas, establecimiento de monocultivos, uso de fertilizantes sin considerar su efecto en el suelo, manto freático superficial, deficiencia de la red de riego, concentración alta de sales en el agua, altas temperaturas y erosión.

En la zona norte del estado de Tamaulipas se concentra la mayor actividad agrícola enfocada en la producción de maíz y sorgo en el ciclo otoño-invierno. Si analizamos a un productor representativo de esta región, encontramos que su principal activo y patrimonio está representado por sus tierras, mismas que tienen diferentes problemas que limitan su productividad, como son: el bajo contenido de materia orgánica, que en la mayoría de los suelos se encuentra en el rango de 0.6 a 0.8; un PH alcalino; niveles altos de salinidad, mala conductividad; predios con necesidades de nivelación; así como problemas de drenaje subterráneo.

Diferentes estudios realizados por el INIFAP han validado este diagnóstico de los suelos del norte de Tamaulipas; particularmente en el boletín del 1 de diciembre del 2015 señala el impacto de la aplicación de 1 a 2 toneladas de gallinaza o estiércol de bovino; más fertilización química en cultivos de maíz en el norte y centro de Tamaulipas; que se obtienen rendimientos promedios de grano de maíz de 8.55 y 7.45 toneladas por hectárea respectivamente, mientras que con la sola aplicación del fertilizante químico se producen 6.94 toneladas por hectárea promedio. En el mismo artículo se menciona que el uso de fertilizante orgánico mejora la relación beneficio/costo, pasando de 2.25 con la aplicación de sólo fertilizante químico a 2.62 y 2.43 cuando se agrega la aplicación de gallinaza o estiércol.

El día de mañana comentaremos las acciones que FIRA, entidad de la banca de desarrollo que coordina la SHCP, está realizando para el mejoramiento de los suelos agrícolas en el norte de Tamaulipas.

*Francisco Javier Loaeza Osorio y Ariel Mayolo Gallardo Santillana son promotor y agente en Reynosa de FIRA, respectivamente, y Efraín Reyes Rodríguez es residente estatal de FIRA en Tamaulipas.

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