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Opinión

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Más que la intimidad

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Miguel González Compeán

En su ya famoso y comentado libro La Casa de la Contradicción (Taurus), Jesús Silva-Herzog Márquez sostiene que AMLO ha provocado un fenómeno inusitado. Se ha metido en la intimidad de la casa. Su defensa o ataque divide familias y amistades. Sin embargo, el fenómeno no queda sólo ahí. También divide y atenta contra algo más.

Durante meses habíamos trabajado con cierta frecuencia con un plomero y electricista acá en Puerto Escondido. Las actividades de mi esposa y las mías en la casa, así lo requirieron. Solíamos platicar, reírnos porque abundaba en dichos y sentido del humor, con una inteligencia francamente notable. Su profesionalismo y seriedad nos hacían tenerle confianza y muchas veces recurrimos a él. Hay que aclarar que siempre se le pagó a tiempo y lo que él cobraba si chistar, pues la calidad de su trabajo respaldaba el precio.

Un día, sin embargo, llegó a la casa mientras yo ofrecía un comentario en la radio de la Ciudad de México. En la llamada, el tema era polémico y como me suele pasar, no estaba de acuerdo con la decisión del presidente y no sólo eso, lo acusaba de actuar en contra de la legalidad y en contra de quienes quiere proteger: los pobres de México. Ya no recuerdo de cual de todas las decisiones que ha tomado el presidente se trataba, son tantas con esas características, que tiendo a olvidarlo. Al despedirme y colgar el teléfono, me preguntó nuestro amigo trabajador: ¿Oiga Don Miguel, estaba usted hablando de mi presidente López Obrador? Le dije que si, que con frecuencia no estaba de acuerdo con él. A partir de ese momento a cada llamada que le hicimos empezó a contestar cosas que nos parecieron raras al principio: su mujer se había enfermado por dos semanas. Luego, estoy haciendo un trabajo a varios kilómetros de aquí. Finalmente, dejó de contestar el teléfono y han pasado 3 meses y no hemos vuelto a saber de él.

Siendo éste un municipio de usos y costumbres, con frecuencia los vecinos nos reunimos y hacemos tequio o nos abocamos a una obra en particular. Con varios prestadores de servicios turísticos, nos organizamos para arreglar el andador turístico y toda una calle. Aquí, los surfistas prefieren que las calles no estén pavimentadas para poder andar descalzos, así que con frecuencia a las calles de arena comprimida hay que darles mantenimiento.

Lo hicimos y la experiencia resultó edificante. Alrededor de kilómetro y medio se arregló y se puso en servicio. En platica posterior, hablamos de las cosas que el municipio está o no está haciendo y en uso de mi libertad de expresión, mencioné al presidente en sentido crítico. Apenas un comentario que a mi me pareció sin aparente relevancia. A partir de entonces aquellos con quien compartía labores comunes y objetivos compartidos, me pidieron que ya no ayudara más. La autoridad municipal, por igual no acepta reuniones si estoy presente y a negado mi derecho de audiencia y resolución de peticiones. Tengo invariablemente que recurrir a un tercero para tratar mis asuntos.

Aunque Silva-Herzog tiene sobrada razón en sus textos, se ha quedado corto en por lo menos un sentido. Sí, AMLO se ha metido en la intimidad de la casa, pero para efectos prácticos nos ha convertido a sus críticos, en unos descastados o en unos excomulgados políticos, aun de los derechos consagrados en la constitución. Nada más, pero nada menos tampoco.

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Miguel González Compeán

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.

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