El debate económico del siglo XX sigue vigente. Los seguidores de Hayek, defensores de la libertad, sostienen que el gobierno no debe intervenir en la economía para que sea la mano invisible del mercado la que se encargue de ubicar los recursos de manera más eficiente.

Contraria a esta postura, los seguidores de Keynes defienden que el gobierno debe jugar un papel clave interviniendo, regulando y activando la economía a través del gasto y el déficit. Tras el mal desempeño de la economía mexicana en el 2013, una de las teorías apunta a que el gobierno optó por limitar la mano invisible del mercado para detener, con su mano visible, el gasto público y así apretar una economía que se estancó todo el año sin crecer lo necesario. De ahí otras consecuencias graves, como la caída en generación de empleos.

Esta estrategia no es impensable en un año en el que la prioridad del gobierno fue apostar su capital político para lograr la aprobación de las reformas en el Congreso. Esto sin duda le dio al gobierno más poder de negociación para aumentar el control político y lograr el objetivo de ser el año de la eficiencia, adjetivo debatible en un contexto como éste.

Esta teoría se irá probando a lo largo del 2014 conforme el gobierno siga la receta keynesiana de gastar más y aumentar el déficit. Veremos cómo, sin freno artificial, la economía se activará para que los mexicanos comprobemos que las reformas empiezan a generar beneficios. A esto hay que sumar la inercia positiva que se dará de manera inevitable como consecuencia de un mayor crecimiento en EU. Tenemos que ser más críticos y ver lo que ocurre en la economía con mayor profundidad. La única manera en que México podrá ser verdaderamente próspero y lograr un desarrollo más incluyente es garantizando mayor libertad económica, lo cual hoy parece estar fuera de los planes.

Cada año, instituciones como The Wall Street Journal, Fraser Institute, Heritage Foundation y Cato Institute muestran con evidencia contundente, a través de los índices que generan, que los países más prósperos son aquéllos en donde existe mayor libertad económica, en otras palabras, donde los gobiernos intervienen lo menos posible. Ante la evidencia de lo que funciona mejor, ¿queremos que la mano visible haga lo suyo, conociendo las consecuencias, o preferimos la mano invisible?

armando.regil@eleconomista.mx