Actualmente en México hay cuatro modos en que se produce y utiliza forraje de maíz. En primera instancia el cultivo de germinados, llamado comúnmente forraje verde hidropónico , el cual utiliza brotes tiernos, cultivados en charolas en un ambiente protegido con manejo intensivo, no en el campo.

Éstos tienen un rápido incremento de peso y es muy digerible y apetecible por los animales, por lo que dan la impresión de que aumenta mucho el valor del maíz que se usa como materia prima. Sin embargo, en ese estado de desarrollo la raíz puede absorber de forma eficiente humedad, pero no otros nutrientes, por lo que el producto tiene 85 % de humedad y su contenido de nutrientes es casi el mismo que el del maíz utilizado como insumo. Es mayor el costo que el valor generado en el proceso.

El segundo modo es el ensilaje temprano, en el que se cosecha en la etapa vegetativa. En ésta, el material verde es más digerible y tiene mayor concentración de proteína, además de ser más corto el ciclo de cultivo. Con forraje de este tipo no se puede realizar el ensilaje fermentativo, pues no tiene los niveles de humedad y azúcares adecuados, por lo que se recurre a una acidificación química. Comparando con el ensilaje convencional, la mayor calidad nutricional obtenida con este proceso es equivalente o menor a la producción que se sacrifica al detener tempranamente el crecimiento, por lo que -en cuanto a nutrientes digeribles- no es superior. Hay que tomar en cuenta también los costos asociados a estos dos métodos para evaluar su conveniencia.

El tercer tipo es el ensilaje convencional, en el cual la planta llega a un punto en la etapa reproductiva, cuando el grano se ha llenado y su contenido de nutrientes empieza a concentrarse -se le llama estado lechoso- masoso -, en el que tiene el contenido de humedad y azúcares necesarios para poder fermentar y producir ácido láctico que, al acumularse, detiene la descomposición y preserva el material para su uso posterior. Este proceso implica cortar el material, compactarlo y protegerlo del aire. Se ha realizado cuando menos desde 1875 y requiere, igual que el ensilaje temprano, contar con maquinaria e instalaciones costosas para hacerlo de manera rentable. Con este método se obtiene la mayor cantidad de forraje, con una calidad aún buena, si bien no es la mayor durante el desarrollo de la planta, pero es el que produce más nutrientes digeribles. Es el método más común en el mundo y en México.

EL cuarto y último modo es el maíz maduro, que se deja hasta la etapa de senescencia, cuando ha perdido gran parte de su valor forrajero, de manera que se conserva en seco para ofrecerlo picado al ganado. La única razón por la que se utiliza es que requiere menos costos e inversiones de parte de los productores, pero la pérdida de valor del forraje con este método es inaceptable no sólo por su efecto en la rentabilidad del sistema, sino por hacer un uso ineficiente de los recursos naturales en un mundo que demanda cada vez más alimentos, con menor impacto ambiental.

Los productores e inversionistas deben decidir de manera informada cuál de las opciones tecnológicas disponibles es la más adecuada para su sistema productivo, pues esta decisión tendrá efectos durante largo tiempo.

Luis Fernando Iruegas Evaristo es especialista de la Subdirección de Evaluación Sectorial en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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