El 30 de septiembre pasado, falleció el caricaturista Joaquín Salvador Lavado Tejón, alias Quino, el célebre padre de Mafalda. Además de ser un ingenioso caricaturista, era un agudo crítico y observador activo del momento socio-histórico que le tocó vivir.

Además de las críticas ideológicas y políticas, Quino dedicó una parte de su trabajo de caricaturista a develar su visión del mundo de la gastronomía. Con un ingenioso humor, daba cuenta del esnobismo del que a veces son presas chefs y comensales a la hora de disfrutar de las experiencias gastronómicas. Su libro “La buena mesa” o introducción a la gastronomía, es un tratado no sólo de aspectos relacionados con el mundo de los restaurantes, sino que devela también realidades sociales como la desigualdad entre quienes mueren de hambre y quienes hacen de la comida un lujo exótico. Se encuentran incluso cuestionamientos acerca del futuro de la industria y la incorporación de nuevas tecnologías al arte de servir la mesa. De manera cáustica, Quino comparaba el sometimiento de los comensales a ciertas normas y esnobismos, al sometimiento por medio de regímenes políticos. En “La aventura de comer” dedica muchas páginas a burlarse de los restaurantes de alto postín y la manera en la que se reapropiaban de los lugares de cocina popular. Gustaba de criticar la forma en la que las cocinas que nacían de saberes populares eran “robadas” por chefs que alegaban haber mejorado los platillos.

Quino también era un ferviente crítico de las comidas rápidas y todo el contexto que tuviera que ver con los restaurantes de cadena. Se mofaba en diferentes ocasiones de los modelos estético corporales de la época, que incluían el culto a la delgadez y la denostación de la gordura. Exponía con extrema agudeza las ironías de los sistemas alimentarios, sobre todo, el hecho de que quienes producen nuestros alimentos son en ocasiones, quienes menos tienen para comer.

Su creación más legendaria fueron las historietas de Mafalda, quien tenía un sentido del humor que igual podían captar niños y adultos a diferentes niveles de complejidad, en diferentes idiomas. Mafalda, como muchos niños de su edad, tenía una aversión a la sopa. La neofobia alimentaria, es un hecho estudiado socialmente por el que pasan una mayoría de los niños. Nada mejor para explicar diferentes metáforas, que la relación de Mafalda con la comida, en este caso, con la sopa. La sopa es el instrumento metafórico perfecto para ilustrar la aversión de Mafalda a las dictaduras políticas y al mismo tiempo, para manifestar un activismo cuasi político en relación a lo que ella considera sus ideales – es decir, la aversión a la sopa-. La sopa era entonces el símbolo de los regímenes políticos que en tiempos de Quino, prevalecían por todo Latinoamérica.

La relación del trabajo de Quino con la comida, nos hace pensar no solamente en un dibujante talentoso o un historietista ingenioso, sino en un observador y analista social que destacaba con humor los temas y asignaturas pendientes que los sistemas políticos y económicos tenían con los sistemas alimentarios. Leer las historietas de Quino en relación con la comida, ilustran no sólo aspectos de la alimentación, sino también aspectos sociales que en ocasiones preferimos no voltear a ver. La trascendencia de su obra radica en la universalidad de sus temas y tristemente también, en la actualidad que estas problemáticas siguen teniendo en nuestras sociedades.

@Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.