El vigilante no quiere ser vigilado.

Mike Pompeo, el estratega de la diplomacia estadounidense, “recomendó” al presidente Trump despedir al inspector de la secretaría de Estado, Steve Linick, sin explicar públicamente los motivos.

Existen al menos tres elementos en el entorno presidencial que no tolera Donald Trump: la separación de poderes, la crítica que realizan los medios de comunicación hacia sus decisiones y el control que los inspectores realizan en cada una de las dependencias de su gobierno.

En menos de dos meses el presidente ha despedido a cinco inspectores de dependencias públicas, reflejando la impronta de un empresario cuya idea de la administración pública es la de un estado de canonjías óptimas para maximizar el valor presente neto de sus inversiones. Lo que vive el Despacho Oval no tiene parangón alguno.

La diplomacia estadounidense es el área más devaluada en los últimos tres años. Lejos están los tiempos del creador de la diplomacia moderna, Henry Kissinger. Entre lo que brilla de su legado fue el acercamiento con China. Muchas sombras, sí, pero el entorno era la Guerra Fría.

Con el objetivo de desmantelar escenarios similares al escándalo del Watergate, la presidencia estadounidense creó la figura de los inspectores en cada una de las dependencias gubernamentales. Son contralores que siguen las huellas del dinero en cada una de las decisiones de los secretarios.

El viernes en la noche, y en pleno azote del coronavirus, el presidente Trump decidió despedir a Steve Linick. The Washington Post revela que dos archivos de investigación pudieron incomodar a Pompeo, pero el secretario de Estado insiste que él solo conoce las investigaciones cuando el inspector las concluye. Una de ellas es el uso de recursos humanos de la secretaría para fines privados. Por ejemplo, llevar a los perros de Pompeo a la veterinaria o al parque, y recoger ropa de la tintorería.

La equidistancia de Estados Unidos en la guerra de Arabia Saudita frente a Irán en Yemen, no existe; tampoco el mínimo pudor de la diplomacia estadounidense frente al crimen de Estado ordenado por el príncipe saudí Mohamed bin Salmán en contra del periodista Jamal Khashoggi en el consulado de Arabia Saudita en Estambul.

La cámara de Representantes dominada por demócratas, aprobó el 13 de febrero del año pasado una resolución para poner fin al apoyo militar de Estados Unidos a la coalición liderada por los saudíes en el conflicto bélico en Yemen. Pelosi quiso impedir que Trump le vendiera armas a Arabia Saudita. Para sortear la propuesta, el presidente declaró de manera fraudulenta una acción de emergencia.

El inspector de la secretaría de Estado, Steve Linick, investigaba el caso. El 7 de abril, Trump despidió al inspector de las áreas de Inteligencia, Michael Atkinson, el personaje que convirtió la observación de uno de sus infiltrados en el detonante del juicio político en contra de Trump.

El presidente también despidió al inspector del departamento de Salud Christi Grimm acusándolo de haber elaborado un falso informe sobre el suministro de material médico frente al nuevo coronavirus.

Trump corrió al presidente del panel federal que creó el Congreso para supervisar la implementación del estímulo económico de dos mil millones de dólares para mitigar los efectos del Covid-19, Glenn Fine.

A través de los despidos el presidente Trump cree solucionar los problemas que le crecen a sus funcionarios. En realidad, cada vez que despide a los funcionarios, que lo único que hacen es cumplir con su trabajo, su presidencia se devalúa.

Trump está inquieto porque lo que parecía un día de campo el entorno electoral, ahora, su reelección parece lejana por su deficiente manejo de crisis del coronavirus.

Pompeo, otrora director de la CIA no le gusta que lo vigilen. El vigilante no quiere ser vigilado.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.