En 1980 y para gran beneplácito de la humanidad, se declaró oficialmente erradicada la viruela, una enfermedad había estado presente en todas civilizaciones, al menos desde el siglo III a.C. La viruela es causada por Variola virus, un virus que ataca únicamente a la especie humana. Uno de los motivos por los que fue posible eliminar el contagio de la viruela (y no ha habido un sólo caso producido naturalmente desde hace 45 años) fue que el bicho de marras es un virus ADN bicatenario, es decir que su núcleo genético está compuesto de una cadena doble de ADN, lo que lo vuelve un virus poco propenso a sufrir variaciones, o mutaciones. Existen virus bicatenarios y monocatenarios, y su material genético puede estar compuesto de ADN o ARN, y en esa combinación radica el factor que determina la mutabilidad de un virus.

Cuando un virus infecta una célula, inserta su material genético en ella y la obliga a replicar copias de éste. Cada vez que se replica puede cometer uno o dos errores minúsculos, eso es normal sobre todo en los virus que tienen como base el ARN. El SARS-CoV-2, al ser un virus ARN monocatenario puede resultar severamente dañado con cualquiera de esos “errores”, pero se copia tantas veces cuando está dentro de un sujeto enfermo que un virus o dos muertos en el interior de una célula no significan nada en el curso de la enfermedad.

Sin embargo, algunos genomas pueden producir aquí y allá cambios que son benéficos para la supervivencia del virus, tal vez al permitirle evadir un anticuerpo, infectar otro tipo de célula u organismo (lo que nos trajo al SARS-CoV-2, por ejemplo), o ser inmune contra alguna droga. Cualquier cambio que le ayude a reproducirse se integrará al genoma del virus, y muy pronto las nuevas “versiones” superan al virus original y, voilà, tienes una nueva cepa del mismo virus. Actualmente se han encontrado dos nuevas variantes; una en Sudáfrica conocida como 501.V2 y otra en Inglaterra, la B.1.1.7, que comparten la misma mutación, a la que los científicos llaman N501Y.

Esta mutación causa cambios principalmente en las proteínas spike (las excrecencias proteicas que coronan al virus) gracias a las cuales este puede anclarse a la célula huésped más fácilmente. Por esta razón las nuevas cepas se transmiten más rápido y parecen ser más contagiosas. Las vacunas desarrolladas para el SARS-CoV-2 actúan al producir en el cuerpo una respuesta inmune a la proteína spike del virus, por lo que si se producen suficientes mutaciones esta respuesta podría eliminarse, lo que volvería inútiles dichas vacunas. Los fabricantes actualmente monitorean muy de cerca cualquier posible variante del virus para asegurarse de que sus vacunas sigan siendo efectivas. Moderna, por ejemplo, declaró hace unos días que se aseguran de incluir estas variantes en el refuerzo o segunda dosis de sus vacunas.

Hasta el momento de escribir esto no se ha encontrado que estas cepas sean más patógenas (y por ende más mortales), sin embargo parecen ser transmitidas de manera más rápida o eficiente, lo que implica más enfermos y por lo tanto más hospitalizados. Científicos de todo el mundo se encuentran monitoreando muy de cerca todas las variantes del virus del que se tienen noticia,  ya que si se producen suficientes mutaciones en el material genético de un virus, el test de anticuerpos o PCR que se diseñó para detectarlo no será tan efectivo o no lo hará en absoluto. De igual forma el monitoreo de las nuevas cepas es importante porque las personas vacunadas o previamente enfermas pueden volver a infectarse si su cuerpo no puede reconocer y exterminar la nueva variedad del virus.

La mejor manera de conseguir un monitoreo adecuado en medio de una pandemia es con pruebas aleatorias en pacientes de diferente origen geográfico y antecedentes genéticos, lo que permite a los científicos crear un mapa efectivo de los contagios y la cepa responsable de los mismos. Mientras más información recolecten los investigadores, mejor podrán los desarrolladores mantener sus vacunas actualizadas, lo que les permitirá responder rápidamente a los cambios en la población del virus. Actualmente muchos centros de investigación en el mundo están ampliando sus capacidades de secuenciación para responder a esta demanda.

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Ramón Martínez Leyva

Ingeniero

Un pálido punto azul

Es ingeniero en Sistemas Computacionales. Sus áreas de conocimiento son tecnologías, ciencia y medio ambiente.

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