Ha sido una sorpresa, una situación no esperada la reacción de los ahora jóvenes, comúnmente llamados millennials, de solidaridad y apoyo a raíz del sismo del 19 de septiembre. Inmediatamente después del suceso se dirigieron espontáneamente a los lugares de conflicto y crisis, y se abocaron a realizar muy diversas tareas. Retirar escombro, hacer cadenas con tal fin, rescatar heridos y sobrevivientes atrapados, auxiliarlos en la medida de sus conocimientos, experiencias y habilidades, organizar centros de acopio, recolectar víveres, material médico y sanitario, ropa, artículos de limpieza y para refugiarse, etc. La mayoría de ellos con el único instrumento que sus manos, otros con picos, palos o herramientas más específicas. Utilizaron también las redes sociales para comunicarse, apoyarse y organizarse. Emergieron cualidades que no conocían ni ellos mismos, menos los demás. Ahora sabemos que las tienen y que las manifiestan, las ponen en acción cuando hay un motivo y un fin.

De lo anterior y del suceso mismo, para mí, surgen algunas reflexiones en relación con la educación, que planteo y comparto.

En primer lugar, el que se den estos comportamientos en los millennials, hasta antes sujetos de poca esperanza, fue posiblemente transmitido por sus maestros, tan menospreciados, y sus padres de familia y tutores; unos, en la escuela, otros, en el hogar, enfatizo esta palabra. Son aprendizajes profundos muy probablemente generados por el ejemplo, que es la única fórmula eficaz de compartir valores. Algo han hecho bien, quizá no conscientemente y sin que lo sepan, maestros y padres, en genérico, para que se den tales resultados. Son temas no medibles, que nunca van a aparecer en pruebas como PISA o similares y que son fundamentales en la construcción de tejido social, que pueden ser materia prima invaluable para un replanteamiento y reconstrucción social y político de la sociedad mexicana.

Hay que escarbar y remover, como lo han hecho tantos de ellos para conocer y explicar el fenómeno y de allí partir para hacer de esto un resorte, un elemento del proceso educativo. De esta manera se hace necesaria, más bien indispensable, una reconciliación con la inmensa mayoría de docentes que día tras día cumplen con esfuerzo y en la medida de sus capacidades e instrumentos que han estado a su alcance. Conviene reconocer y revalorar su labor y alentarla.

En segundo lugar, la ubicación geográfica de nuestro país, México, nos sitúa en un contexto que es afectado fuertemente por tres fenómenos naturales. Dos telúricos, erupciones de volcanes y sismos, y uno meteorológico, huracanes por ambos flancos; sin embargo, no todo el territorio sufre todos. Son regiones específicas para cada uno. El primer es el eje volcánico que comienza en Nayarit, con el Ceboruco, y termina en Veracruz, con el Pico de Orizaba, en términos generales. Y que generalmente es acompañado por el segundo, los terremotos. Este abarca principalmente toda la costa del pacífico, el occidente, el centro y el sur. Ambos, hasta ahora, no son predecibles. El último, los huracanes cubre las costas y las zonas aledañas, tanto la del atlántico como la del pacífico, desde Tamaulipas y Nuevo león hasta Quintana Roo, y desde Baja California hasta Chiapas. Sí es predecible y se puede generar información oportuna previa. En todos, se pone en juego, en primer lugar, la vida, la salud, bienes, infraestructura, etc. Pero también proyectos e ilusiones.

Ahora bien, para su previsión, manejo y control de daños, tanto de vida, salud, materiales, emocionales y sociales por mencionar algunos, en el currículum escolar, desde preescolar hasta educación superior, hay que incluir, acorde con el contexto regional y la experiencia, elementos de contenidos y competencias en este sentido, así como el qué hacer cuando sucedan; tanto si se está en el espacio de las instituciones educativas como en otros sitios, particularmente el hogar, y después del hecho. Y lo anterior, enfatizo, no puede ser igual para todos, porque para unos sería en exceso y para otros en defecto e inadecuado.

Esto hace conveniente, más aún necesario revisar el seguir con un único currículum nacional o tener uno realmente flexible de acuerdo con contextos, medios, necesidades y prioridades.

Las anteriores son únicamente dos reflexiones a partir de los sucesos de los últimos días y la educación, mas pienso que hay otras muchas que invito a que trabajemos.