El Mexico Institute del Woodrow Wilson Center y la U.S.-Mexico Foundation publicaron esta semana un documento muy relevante: “Convocation: A Vision for a Stronger U.S.-Mexico Partnership”  https://bit.ly/30bOqYV . Se trata del relato de la reunión que se llevó a cabo en enero de este año, en Blanco, Texas, en donde participaron seis exembajadores de México en Washington y seis exembajadores de Estados Unidos en México. Nos comparten sus puntos de vista y recomendaciones estratégicas sobre competitividad económica, seguridad, migración y frontera. Los exembajadores concluyeron que: 

a) Las instituciones fuertes apoyan la estabilidad y el progreso de la relación bilateral porque aseguran y mantienen la atención de los funcionarios de alto nivel y ayudan a construir relaciones transfronterizas. Recomiendan reiniciar el diálogo económico bilateral y expandirlo hacia los temas de seguridad y migración. Una reunión bilateral al más alto nivel de gabinete podría servir como una oportunidad de iniciar un nuevo periodo de colaboración.

b) Estados Unidos y México deberían desarrollar una estrategia económica bilateral coordinada que mire hacia el futuro. Esta agenda económica debe ir más allá de los temas de comercio e incluir el desarrollo regional, fortalecimiento de la fuerza laboral, inversión en infraestructura que facilite el comercio, los cruces y el turismo.

c) Los dos países deberían establecer un esquema para una relación moderna de seguridad que les permita intercambiar inteligencia y que enfatice una responsabilidad compartida al confrontar el reto de la seguridad transnacional, la aplicación de la ley y el fortalecimiento del estado de derecho. Se requiere una estrategia integral y dinámica para construir capacidad institucional y orientarla hacia nuevos desafíos como el tráfico de fentanilo.

d) Ambos países deberían trabajar juntos al nivel federal y estatal en los temas de gestión y administración de la frontera. Programas innovadores, como la preinspección conjunta de los cargamentos, puede mejorar simultáneamente la seguridad y eficiencia en los cruces fronterizos.

e) La dinámica de la migración regional ha cambiado dramáticamente en la última década, al crecer en importancia los migrantes centroamericanos y de otras regiones del mundo. Estados Unidos y México deberían desarrollar un esquema bilateral ante la migración, que, en la medida de lo posible, ponga el tema migratorio fuera de la arena política y lo convierta en un tema de gestión técnica. Debe facilitarse la migración legal, modernizarse la administración de la frontera y priorizar el trato humano a migrantes y refugiados. 

f) Tanto a nivel nacional como local, en Estados Unidos y México, recomiendan que se logre mantener el apoyo público a una relación bilateral positiva. Los contactos entre la gente, a través de intercambios de estudiantes e investigadores son cruciales para fortalecer el interés mutuo y el entendimiento entre los ciudadanos de ambos países.

Después de la reunión de los doce exembajadores nos llegó la pandemia, la crisis del petróleo, la recesión autoinflingida, la entrada en vigor del T-MEC, el viaje de AMLO a Washington, la falta de visas para estudiantes, la caída en las exportaciones, los obstáculos a la reactivación de las cadenas de valor en América del Norte. ¡Cuántas cosas pueden pasar en sólo unos meses! Haría falta una videoconferencia con los doce protagonistas para ver qué piensan hoy. 

He estado vinculado con los temas de la relación México-Estados Unidos desde hace muchos años y desde diversos ángulos. Fui becario Fulbright, estudié la maestría en políticas públicas en la Universidad de Harvard y mi área de concentración fue asuntos internacionales y seguridad. Tuve la fortuna de contar con extraordinarios maestros, expertos en política exterior de Estados Unidos, como Graham Allison, Joseph Nye, Richard Neustadt, Ernest May y muchos más.

Fui Ministro en la Embajada de México en Washington y apoyé al Embajador Gustavo Petricioli, como vocero, de 1989 a 1993, durante los años más relevantes de la negociación del TLCAN. Después fui Subsecretario de Relaciones Exteriores de 1994 a 1998, copresidí la Comisión México-Estados Unidos para el Intercambio Educativo y Cultural y operé el Programa para la Atención de las Comunidades Mexicanas en Estados Unidos. Participé, como legislador, en las reuniones interparlamentarias México-Estados Unidos. Formo parte del Consejo Asesor del Instituto México del Woodrow Wilson Center desde su creación, en 2003. Yo trabajaba en Cemex, como Vicepresidente de Comunicación y Asuntos Corporativos, y Lorenzo Zambrano me pidió que representara a la empresa en el Consejo Asesor que copresidían José Antonio Fernández Carbajal de FEMSA y Roger Wallace.

Todos estos años de vivir la relación bilateral me permiten concluir que resulta increíble —por decir lo menos— que después de tantos esfuerzos para estrechar nuestros vínculos y establecer una relación madura, a la altura de los enormes cambios que han ocurrido durante las últimas tres décadas en el mundo, sigamos siendo unos simples “vecinos distantes” que básicamente se reconocen por sus respectivos estereotipos. Tengo la convicción de que México y Estados Unidos son dos grandes países que se merecen una mucho mejor alianza estratégica.

Con base en el TLCAN y el T-MEC, y gracias al enorme esfuerzo de los sectores empresariales de ambos países, hemos pasado de ser meros socios comerciales a contar con economías crecientemente integradas. Ahora, resulta indispensable darle una atención prioritaria al fortalecimiento de nuestros intercambios educativos y culturales. Sólo si nos conocemos mejor, si establecemos mejores canales de comunicación entre nuestras sociedades, si hablamos idiomas comunes en términos de los valores que compartimos, podremos tener una relación de mucha mayor calidad, que en verdad nos reafirme como socios estratégicos y pueblos hermanos. 

Los intercambios educativos y culturales son una herramienta fundamental para superar los viejos y nuevos estereotipos que existen en ambos lados de nuestra frontera. El reto es mayúsculo. De acuerdo con "Open Doors 2019", el informe anual de movilidad académica internacional que publica el Institute of International Education, durante el año escolar 2018-2019 estuvieron inscritos en alguna institución de educación superior de Estados Unidos un millón 95 mil 299 estudiantes provenientes de diversos países. Casi 370 mil provenían de China, más de 200 mil de India, poco más de 52 mil de Corea, otros 37 mil de Arabia Saudita y 26 mil de Canadá. Los otros países con un número significativo de estudiantes fueron Vietnam, con 24,000, Taiwan, con 23,000, Japón con 18,000, y Brasil con 16,000.

México ocupó el lugar número diez, con un poco más de 15,000 estudiantes. La mala noticia es que desde los primeros años de este siglo dicha cifra anual ha permanecido estancada. Estos 15,000 estudiantes mexicanos en Estados Unidos representan un activo de un valor incalculable para mejorar nuestra relación bilateral. No debemos considerarlos como un grupo disperso de historias individuales, sino como una comunidad que representa en conjunto a nuestro país. Ellos son los mejores embajadores de México.

Habría que verlos como el "Campus México" en Estados Unidos. Los 15,000 universitarios mexicanos que estudian en Estados Unidos son en sí mismos una excepcional historia de éxito. En la gran mayoría de los casos, han logrado su meta con muy poca ayuda del gobierno y enormes sacrificios por parte de sus familias. Son gente valiosa, que a su regreso pueden contribuir mucho al desarrollo de nuestro país y también a que logremos un mayor entendimiento con nuestros vecinos.

Para darle forma al "Campus México", y poder apoyarlos, primero habría que saber quiénes son, en dónde está cada uno de ellos, qué estudian, cuáles son sus aspiraciones profesionales, y cuándo deberán regresar. Con las tecnologías actuales, no se necesita un gran esfuerzo para lograrlo. Lo que se requiere es la visión para considerarlos como un valioso recurso que puede hacer grandes aportaciones a una relación más constructiva y benéfica para nuestros dos países.

*Javier Treviño Cantú es Director General de Políticas Públicas del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

 

Twitter@javier_trevino

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