A mediados de los sesenta, el barrio de Laurel Canyon, en Los Ángeles, California, se convirtió en la segunda meca de la contracultura hippie estadounidense. En este montañoso barrio un grupo de artistas se instaló y formó una comunidad destinada al intercambio de ideas y sonidos, que definieron la segunda mitad de la década.

Tras el desembarco de The Beatles al continente americano y el rompimiento de Bob Dylan con las raíces del folk, la música popular estadounidense sufrió un proceso de maduración y transformación que culminó con el ascenso del rock psicodélico y se fortaleció gracias a este movimiento.

En este recóndito lugar, que colinda con los bosques californianos y aislado del ruido de la ciudad, aterrizaron: Roger McGuinn, Jim Morrison, Frank Zappa, Janis Joplin, James Taylor, John Mayall, Carole King, The Mamas and The Papas, Dusty Springfield, Brian Wilson, Joni Mitchell, entre otros, donde muchos hallaron la inspiración para la música que crearían en los años posteriores.

Joni Mitchell compuso “Ladies of the Canyons” y “Clouds” inspiradas en este barrio. Graham Nash —de The Hollies y Crosby, Stills, Nash & Young”— escribió “Our House”, una oda a la vida doméstica, inspirada en la casa que compartía con Mitchell en aquellos años. “Yo encenderé el fuego, mientras tu colocas las flores sobre el jarrón que compraste hoy”, cantaba Nash en aquella canción del Déjà Vu (1970) sobre aquel idílico hogar con dos gatos en el jardín.

Jakob Dylan, líder de The Wallflowers, es el encargado de rastrear la escena que se desarrolló en Laurel Canyon, en el documental Echo in the Canyon, dirigido por Andrew Slater. El documental explora las relaciones musicales que se construyeron en este epicentro de la cultura hippie y que inspiraron algunos de los discos más importantes del rock y el pop.

Andrew Slater, periodista, exdirector de Capitol Records, productor de discos y manager, debuta como director de esta cinta que reúne los testimonios de Roger McGuinn, David Crosby, Michelle Phillips, Graham Nash, Brian Wilson, John Sebastian, Lou Adler y Tom Petty, quienes cuentan sus vivencias sobre el periodo 1965-1967.

El director asegura que no sólo decidió explorar cómo esta simbiosis musical abarcaba a las bandas de la época, sino también cómo los momentos mágicos del comienzo de la escena de Laurel Canyon se extendieron también en canciones y artistas contemporáneos.

“Lo que ocurría ahí a mediados de los sesenta, antes de la llegada de la psicodelia y la era de los cantautores era evidente para mi, pero nadie había contado la historia de este legendario lugar desde el punto de vista de cuan profundamente estos artistas impactaron y colaboraron el uno con el otro”, dice Slater.

Para acompañar la cinta, Jakob Dylan reinterpreta canciones de The Byrds, Buffalo Springfield, The Association, The Turtles, The Mamas and the Papas, algunas de las bandas más representativas de aquella escena, con la ayuda de artistas contemporáneos como Fiona Apple, Cat Power, Beck, Norah Jones. Regina Spektor, Josh Homme, Eric Clapton y Neil Young.

Con la ayuda de Clapton, Dylan reimagina “Questions” y “Expecting to Fly” del Buffalo Springfield; “I Just wasn’t made for these times” de The Beach Boys cuenta con la angelical voz de Neil Young, mientras que Cat Power le presta su voz a “You Showed Me” —que fue popularizada por The Turtles y sampleada años después por De La Soul—.

“La música que provino de Laurel Canyon inspiró a mi generación de músicos y compositores” narra Dylan, quien gracias a su padre Bob Dylan, conoció a gran parte de los músicos que pertenecieron a este momento. Sus protagonistas nos acercan una íntima mirada para conocer cómo estos artistas se nutrían de las composiciones de sus pares y que inmortalizaron en su propio arte. Probablemente conocías alguna canción que estaba inspirada en este lugar, esta cinta ayudará a que te reenamores de aquellos coros y te entregues ante la mitología de esta escena.

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Antonio Becerril

Coordinador de operaciones de El Economista en línea