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Los Objetivos de Desarrollo del Milenio
El objetivo mayor es la reducción de la pobreza en el mundo a la mitad, pero también evitar la muerte de millones de personas por razones atribuibles a la marginación y acercar el desarrollo humano a más, que hasta ahora no lo conocen. Los Objetivos son ocho, hay 21 metas específicas y 60 indicadores mesurables.
Es relevante para la energía el número 7:
Garantizar la Sustentabilidad Ambiental. Uno de los indicadores de este objetivo se describe como Emisiones de CO2 -bióxido de carbono-, totales, per cápita y por cada dólar de Producto Interno Bruto .
Está implícita en lo anterior una llamada al sector energético, básicamente por la generación de electricidad y el transporte, y a la deforestación.
Si bien los Objetivos fueron definidos durante el año 2000 y el horizonte de acción se definió para el 2015, del sector energético no podría esperarse más que intentos de detener la inercia destructiva del equilibrio de los ecosistemas que el uso irracional, o poco escrupuloso, implica. El sector podrá arribar a la fecha considerándose exitoso si se ha logrado un consenso generalizado, empezando por los más grandes consumidores de energía- sobre la relevancia de reducir la intensidad del bióxido de carbono en sus economías. Es fundamental que el consenso sea amplio para evitar que las medidas que pudieran emanar del mismo -como impuestos al carbono, mercados de emisiones- sirvan como elementos de pérdida de competitividad comercial para las naciones que las adopten.
Éste será un factor fundamental para el futuro. Tratar de hacer que la economía mundial emita menos carbono, siendo que el combustible más disponible es el carbón mismo, es en sí ya un reto fenomenal.
El comercio internacional necesariamente tendrá que incluir en sus consideraciones de prácticas desleales elementos como el uso de carbono en los procesos industriales o la depredación indiscriminada de la naturaleza.
Las Naciones Unidas tienen como uno de sus indicadores el consumo de combustibles tradicionales en cada país. Mejorarlo implica usar menos combustibles, pero también usar más energías provenientes de fuentes sustentables. Canadá y Estados Unidos han dado grandes pasos para promoverlas. México ha pasado como ley su promoción, y se han construido acuerdos y mejoras reglamentarias que eventualmente tenderían a desarrollar nuestro potencial.
Queda, sin embargo, la definición de tarifas de compra de energías renovables para los pequeños proyectos. Son éstas las que harían que algunas oportunidades locales de aprovechamiento fueran finalmente utilizadas. Muchas de ellas no son las más convenientes para el servicio público de energía eléctrica, pero son indispensables para garantizar el acceso a la energía en algunos sitios, y un factor fundamental en la sustentabilidad ambiental en el ámbito nacional.
El desarrollo de los grandes proyectos de electricidad proveniente de fuentes renovables tendrá que ser absorbido por la Comisión Federal de Electricidad (CFE), mediante los mecanismos legales que ya se lo permiten.
México es signatario de los Compromisos de Desarrollo del Milenio, y como tal la energía renovable no debe ser considerada sólo como uno de los elementos de garantía de suministro energético. Indirectamente, las energías renovables son también un paso a seguir para disminuir la pobreza en el país.
Indispensable hacer mención de que el gobernador de Chiapas, Juan Sabines, logró la modificación local para incluir los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Esto ha servido para crear un objetivo focal en las políticas del estado, que al mismo tiempo pueden ser medidas y comparadas objetivamente. Con esto se elimina la práctica política de fomentar el asistencialismo alrededor de la pobreza y se amplía la posibilidad de elevar los índices de bienestar de la población. En mi opinión, habría que hacer lo mismo a nivel nacional.
* Presidente de la Fundación México Necesita Ingenieros