Hugo López-Gatell Ramírez, el imperdonable, se va sin dignidad de las conferencias en un momento de gran contraste después de la elección. El INE con Lorenzo Córdova al frente de la Presidencia del Consejo, continúa con la dignidad de haber implantado un modelo de comunicación exitoso para combatir la desinformación y librar en comunión con los ciudadanos de manera exitosa la elección del pasado 6 de junio y el asedio del mismísimo titular del Ejecutivo federal y los liderazgos del movimiento morenista, que visibiliza y ratifica la importancia de los órganos constitucionales autónomos, los cuales debemos defender como demócratas.

En contraste, López-Gatell Ramírez, el imperdonable, con la saga desinformativa y un modelo de comunicación vespertino que fracasó, deja una estela de cientos de miles de muertes -evitables la gran mayoría- y millones de hogares en pobreza por motivos de salud, por el manejo ideológico que le dio a la pandemia. Su soberbia y deseos de cumplir la ideología del titular del Ejecutivo, amputó su raciocinio científico y con ello, la utilización de la medicina científica basada en evidencias, anulando a su jefe el Dr. Jorge Alcocer Varela, al organismo constitucional específico para combatir las epidemias el Consejo de Salubridad General, a la coordinación con las entidades federativas el Consejo Nacional de Salud, a la coordinación con las entidades federales -IMSS, ISSSTE e INSABI- y al Consejo Nacional de Vacunación por mencionar algunos, centrando en su persona la frase máxima de lo egocéntrico: “La Verdad Soy YO”.

A López-Gatell Ramírez, el imperdonable, la historia lo juzgará más temprano que tarde, y también pasarán a la báscula sus pares en el gabinete que debieron haber hecho más contrapeso, al igual -con honrosas excepciones- que las Universidades, Investigadores, Academias Nacionales de Ciencias, Medicina, Cirugía y Pediatría; Colegios y Asociaciones de profesionales de la salud, que a lo más expresaron tardíos susurros de postura acerca del pésimo manejo, más aún cuando las evidencias del tratamiento errático eran ya notorias. Algunos personajes como los Ex Secretarios de Salud, Premios Nóbeles Mexicanos y distinguidos investigadores alrededor del mundo señalaban los errores y horrores y proponíanbnuevos rumbos, todo fue desoído por el imperdonable.

 En fiel reflejo del manejo ideológico del imperdonable López-Gatell Ramírez, el contrapeso del Congreso del Unión y de los gobernadores fue anulado por Morena y sus simbiontes partidos como el PVEM, PT y PES. Para muestra un botón: la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, presidida por Morena, nunca programó una sesión para debatir la catástrofe que estaba ocurriendo en nuestro país desde el primer error, minimizar el problema, negándose incluso a aceptar la ayuda económica para comprar equipo y contratar personal -miles de millones de pesos puestos a su disposición- propuesta por diversos grupos parlamentarios, opción en la que insistió incluso Mario Delgado, otrora coordinador de Morena en la Cámara Baja, argumentando el imperdonable, que el país estaba preparado para atenderla y que no necesitaban nada más, días después vino la debacle de la que aún no salimos.

En las sesiones de la Comisión Permanente encabezada por Morena, tampoco se aceptó discutir el tema, ni para modificar leyes ni para supervisar presupuestos ni para que hubiera una auditoría externa que apoyara la corrección del rumbo fatal que llevaba el paupérrimo manejo.

Minimizar la pandemia; improvisar sobre las rodillas la planificación de recursos y respuesta sincronizada con el sistema nacional de salud; arrollar gobernadores y sistemas estatales de salud; despreciar las capacidades del sistema privado de salud mexicano; comprar mal, insuficiente, tarde y caro equipos de protección; conversiones hospitalarias tardías y equívocas; y por último, no fomentar la investigación de protocolos tempranos de vacunas y medicamentos, así como la opacidad en la compra tardía de las vacunas y la politización de su aplicación en pos del voto y no de salvar vidas serán temas que más pronto que tarde saldrán a la luz pública.

López-Gatell Ramírez, el imperdonable, durante la cronología de sus sesiones de desinformación, minimizó tanto los efectos de la pandemia como las opiniones vertidas incluso por la Organización Mundial de la Salud (IMS) o su titular cuando eran opuestas a su verdad, utilizando incluso el sarcasmo, como por ejemplo, cuando dijo a los exsecretarios de salud que deberían “patentar” su propuesta, en vez de con humildad, escuchar todas las voces en pos de la salud y la vida de millones de mexicanas y mexicanos.

Quiero decirles a ustedes amables lectores, que no se nos debe olvidar, que las muertes, a diferencia de sus conferencias, no eran números o gráficos mañosos, sino que eran personas -como mis familiares, amigos, compañeros médicos y enfermeras- con nombre, rostro y apellido. Cada muerte ha sido una tragedia para su familia y comunidad. Esperamos cada quien asuma a su tiempo la responsabilidad que le corresponda.

Por último, como otro error más de su soberbia ideológica, se le ocurrió festejar en grande el fin del teatro (conferencias) con mariachis, acarreados y flores incluidos. Bajó el telón pretendiendo una salida triunfalista, pero a nadie engaña; se va sin dignidad y como responsable directo de la peor catástrofe sanitaria que ha tenido nuestro país.

*Éctor Jaime Ramírez Barba es médico cirujano, especializado en salud pública, doctorado en ciencias de la salud y en administración pública, y recién fue reelegido como diputado del grupo parlamentario del PAN en la LXIV Legislatura; asimismo es director de la Fundación Miguel Estrada Iturbide.