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Opinión

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Llegó borracho el borracho

Era lógico y natural que entre dos entusiastas de la música -uno aficionado y el otro profesional- prevaleciera la armonía. Lo que, a simple vista, no parece tan lógico es que se hayan reunido dos personalidades antagónicas. Una, la del español compositor y poeta, con un pensamiento de izquierda y una posición definida en favor de la legalización de las drogas. Otra, la del michoacano Presidente del empleo, con ideología de derecha, empecinado en combatir al narcotráfico de manera frontal y bélica.

Pero en el país de las paradojas todo puede suceder. En rueda de prensa para promocionar sus conciertos y su producción más reciente –Vinagre y rosas- Sabina declaró en tono de cachondeo que la única ventaja de no venir acompañado de Joan Manuel Serrat –compañero en su gira anterior- era que no tendría que reunirse con ningún Presidente; también afirmó que el presidente Calderón fue muy ingenuo, por decirlo de buena manera, cuando planteó esa batalla (la guerra contra el narco). No faltaron voces radicales que pidieron la aplicación del Artículo 33 constitucional para Joaquín por entrometerse en la política mexicana, lo cual, pienso yo, no era para tanto.

Por el contrario, y como diciendo la injuria no me hiere y el odio no ha nacido en mí , el Primer Mandatario asistió a uno de los conciertos del autor de Y nos dieron las diez , demostrando con ello ser un auténtico fan del nacido en Úbeda, luego lo invitó a comer, lo cual, pienso yo, no era para tanto.

Una tarde de abril

Mes que, según la canción del flaco, le robaron al hombre del traje gris –lo guardaba en un cajón donde guardo mi corazón-, el Presidente admirador y el cantautor con problemas de percepción sobre la guerra contra la delincuencia, se juntaron para compartir el pan y la sal, el tequila y el vino.

¿De quién fue la idea de hacer la comida? El columnista tiene dos hipótesis:

una, la idea fue del propio Mandatario a quien le gustó tanto el concierto que se quedó picado y tuvo la ocurrencia de hacer un bis -así se dice en el argot del espectáculo cuando el público pide otra, otra- en la intimidad de la casa presidencial. Dos, el equipo presidencial, sabedor de la reticencia expresa de Sabina a reunirse con precisos de cualquier laya –hacer rondanas con hojalateros- intuyó que la mejor manera de infringirle un sutil castigo por lo que dijo en la conferencia de prensa antes citada era obligarlo a concurrir a una visita con el Ejecutivo. Ahora tejones porque no hay liebres –pensaron maquiavélicamente los estrategas.

¿Cómo pudo sucederme a mí?, el que escribe imagina que se preguntó Joaquín cuando recibió la invitación para la comida a la que no pudo negar su asistencia iré porque soy un bien nacido y porque tengo cortesía y porque me educaron bien –dijo el creador del disco Malas compañías-. Yo como con quien me da la gana y no tengo porqué dar ninguna explicación, sobre todo si (la comida) pagan ellos , remató el autor de Círculo vicioso .

He leído opiniones de renombrados columnistas –el término colegas que queda grande- a los que la actitud de Calderón de invitar a comer a quien lo criticó les parece un acto civilizado de tolerancia a la disidencia. Mas yo preguntó: ¿lo invitó como muestra de transigencia a quien opina diferente que él o lo invitó para convivir y alternar con uno de sus artistas favoritos? Me inclino por lo último. Porque si don Felipe, en un acto de civilizada tolerancia invitara a comer a todos sus críticos que no estamos de acuerdo con su inútil –por decirlo de buena manera- guerra, además de indigestarse, para hacerlo no le alcanzarían las tardes de lo que le resta de sexenio.

Haiga sido como haiga sido la reunión-comida-concierto se efectuó y bien haya por el genial flaco al que le hicieron gordo el caldo publicitario.

Por cierto, en su columna de ayer en el periódico Reforma, Froylán M. López Narváez –leerlo es cultura- narró lo que transcribo: Contó el diputado Francisco Solís Peón, Pancho Cachondo, (Mi Otro Yo, RE) que fue él quien le enseñó cosas fuertes a Felipe Calderón, ha tiempo su compañero de cuarto y de parrandas; entre otras cosas a apreciar músicos y tragos. Resultó que Calderón se volvió adicto a Joaquín Sabina . Luego de leer lo anterior pensé:

qué bueno que se aficionó a la música del bardo ubetense y no a los table dance. Si esto hubiera ocurrido, en lugar de invitar a comer a Sabina, don Felipe hubiera invitado a cenar a Sabrina. Y a ésta ya le habrían hecho algún homenaje oficial. Por ejemplo, la hubiesen llevado a alguna gira a Yucatán para dar pie a un discurso sobre los senotes sagrados. O bien, tal vez sus exuberantes pechos a estas alturas ya serían considerados las chichis del Bicentario.

Dueto artístico

El convivio se prolongó casi tres horas. No duró más porque esa noche el cantante tenía concierto. Si no hubiera sido por esto la reunión podría haberse prolongado a morir. El Presidente –que también es aficionado a los after hours, Pancho Cachondo dixit- había dispuesto su agenda de forma tal que no importara que les dieran las 10 y las 11, las 12 y la una

Leí en una entrevista, que Sabina dio a la agencia EFE, que cantó con el Mandatario a dúo –con lo que el michoacano realizó uno de sus sueños imposibles- canciones de José Alfredo como Que te vaya bonito , Ella y también una suya , la conocida y ya mencionada: Y nos dieron las diez .

Comentó que el Ejecutivo canta mejor que él, pero eso cualquiera lo hace Tania Libertad, invitada a la comida, entonó canciones del agasajado. Otro invitado, Fernando Gómez Mont, secretario de Gobernación, al salir del ágape declaró, además de la frase con la que hice la introducción a esta colaboración, que no recordaba el título de las canciones que cantaron el nuevo dueto sensación: Felipe y Joaquín. Al ser presionado por los reporteros la única que recordó fue, también de José Alfredo, Llegó borracho el borracho .

¿Por qué habiendo tantas canciones hermosas del compositor de Dolores, Hidalgo, el dueto eligió para cantar la del ebrio que llega pidiendo cinco tequilas que es, en mi concepto, de las pocas desafortunadas –inclusive, en su momento, llegó a prohibirse su emisión en la radio- del guanajuatense? De inmediato surgen mis hipótesis: ambos componentes del dúo se sienten identificados con el tema. Con un poquillo de mala leche, el de Úbeda pidió cantar ésa porque la percibe como una metáfora de la guerra con la que él no está de acuerdo, pero que el de Morelia defiende. Les recuerdo parte de la letra: Gritó de pronto el borracho/ la vida no vale nada/ y le dijo el cantinero/ mi vida está asegurada/ si vienes echando habladas/ yo te contesto con balas.

Los dos sacaron pistolas/ se cruzaron los balazos/ la gente corrió echa bola/ seguían sonando plomazos/ de pronto los dos cayeron/ haciendo cruz con los brazos./ Y borracho y cantinero/ los dos se estaban muriendo/ mariachis y cancioneros/ también salieron corriendo . En lo único que la canción no se parece a la realidad del fuego cruzado en el que actualmente vivimos es que José Alfredo no habla de que los rijosos hayan ocasionado daños colaterales.

Oí por ahí

La emprendida por Felipe Calderón puede llamarse lucha, reyerta o pelea, pero no guerra. Por una razón: las guerras llegan a su fin.

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