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Las otras guerras: la desinformación y el discurso de odio en redes sociales (Parte 1)
(Parte 1de 3)
Y ahora, ¿por cuál de los diversos temas comenzar? Todos punzan el corazón por igual y preocupan al pensar en ellos a nivel conciencia.
Los tres temas son la guerra entre Rusia y Ucrania, que tiene al mundo en vilo, las grabaciones ilegales a un fiscal, que pudieran tener un trasfondo distinto, y la saña con la que se dio la riña en el estadio La Corregidora en Querétaro, que pasmó la marcha de la sociedad mexicana, de por sí intranquila por la guerra y la tensión interna.
La guerra se debe tomar con toda seriedad, porque está cerca de todos los países del mundo.
Habrá que comenzar con el denominador común de estos lamentables sucesos y es, en los dos primeros, el discurso de odio y la desinformación que navega en las redes sociales. Y, en el caso del estadio La Corregidora, las redes sociales dejaron marcas en la mente por las escalofriantes imágenes de lo que hubiera sido la peor pesadilla de hasta dónde llega la agresión entre seres humanos, la violencia entre pares, la embestida de unas personas a otras a quienes se les debe respetar su dignidad.
Cada red social se maneja distinto y tiene su propio perfil. Las que más se usan son Facebook, Twitter, Instagram, YouTube, TikTok y WhatsApp grupales.
Tanto particulares, como colectivos, empresas y, autoridades han entrado a la comunicación a través de las redes sociales.
Las razones por las que se usan -no utilizan, sino usan- las redes son diversas. Van desde promocionar la imagen propia o algún producto, buscar que miren a una persona de la forma que quisiera tener y no tiene, generar ingresos, buscar compañía, divertirse o, en el caso de las autoridades, informar sobre programas y políticas públicas, políticas legislativas o políticas judiciales. En el caso de universidades y en general del mundo académico, entre otras cosas, para compartir algunos vínculos de bibliotecas virtuales o, libros electrónicos -que tengan la licencia para hacerlo-.
Las redes sociales también se ocupan es para visibilizar algún acto que socialmente sea inaceptable. Se han convertido en un Big Brother gigante.
El tema de esas corpulentas cámaras prendidas 24 horas en vivo, que son las redes sociales, es que también se han usado para desinformar, fraguar algún ilícito, golpear, intimidar o incitar al odio y a la violencia. Esto último es lo que más impacto tiene en las personas que les orilla a responder o actuar con sesgos sin percatarse de ello.
La contrariedad con el uso de las redes es que allí tiran a gobernantes, invaden países o, cambian la opinión pública sobre alguna persona, institución o país. Esto genera un sobre mundo distinto al que realmente es. Nos encontramos viviendo una realidad sobre otra realidad. ¡Qué preocupante es esto! Sí, una realidad encima de la otra, pero conectadas entre sí. Una es la realidad material, es decir, lo que en efecto sucede y otra realidad distinta, pero que también se le debe llamar realidad, es lo que a partir del manejo de las redes sociales, un grupo de personas, normalmente con intereses atrás, quiere que suceda. Estas personas pueden ser contratadas y recibir dinero periódico -porque no se le puede llamar ingreso al mal habido y producto de ilícitos- o ellas mismas iniciar la mala información para sesgar a la opinión pública. Estas personas de mal conocen bien el lema que dice “di una mentira varias veces para que se convierta en verdad”.
La realidad creada que no coincide con la realidad material, pero que se mezcla con ella, es la más peligrosa y es la que actualmente se vive. Las redes sociales se están convirtiendo en el arma más letal que puede existir. Nunca se imaginaron sus creadores o más bien, no tomaron en cuenta, los claroscuros de la naturaleza humana.
En los últimos meses con mayor intensidad, aunque viene de tiempo atrás, se ha visto cómo con soltura y crueldad grupos de personas se unen en redes sociales, para agraviar, ofender, presionar o generar la realidad que ellos buscan. Hay bandos y se pertenece a uno o al otro, no hay lugar para libres pensadores. Las personas que comienzan a incitar a la violencia o a intimidar, actúan de esa manera porque conocen que se encuentran protegidos bajo el escudo del anonimato. De todas maneras, tienen un claro objetivo que buscan alcanzar: desestabilizar y generar confusión en la sociedad civil.
El problema que se advierte, es que con el daño que conscientemente hacen a quien es su objetivo, además de los llamados trolls que usan, arrastran a miles o incluso cientos de miles de personas usuarias de redes que titubean en tener criterio propio, de manera que, al no contar con él, buscan seguir a quien más seguidores tiene o al tema de moda y comienzan a golpear en forma verbal sin límites y a convencerse de una realidad que no necesariamente era la objetiva. Esto se debe, quizás, a que toda persona, durante el paso de su vida, ha padecido de injusticias, pero no todos van guardándolas en su haber. Si bien hay muchas que olvidan las deslealtades y en general las iniquidades que han padecido a lo largo de su camino para poder seguir marchando en paz, lo cierto es que, hay otras, también en número considerable, que tienen un fuero interno lleno de antipatía, celos y rencor, que les obnubila su conciencia individual.
Esto hace que las redes sociales sea el lugar ideal para sacar el coraje interno y volverse parte de ese colectivo que saca lo peor de ellas y las injusticias de las que fueron objeto a lo largo de su vida.
Sin embargo, lo que inquieta de este sector de personas, es que la flaqueza en su autoconciencia les impide darse cuenta que el criterio que sostienen es ajeno y fue impuesto por unos cuántos. ¡Qué grave es esto! A través de las redes sociales, se genera una realidad que originalmente era falsa para convertirla en la sobre realidad. Se vuelven simplemente seguidores para poder seguir “perteneciendo”, con lo que entiendan por corresponder a un grupo.
Ahora va el primer tema, la guerra. En una guerra nadie gana, todos, por el contrario, pierden. La invasión de una nación soberana a otra, no se puede justificar, porque es el pueblo, quien democrática y pacíficamente decide el destino de su país. El dolor que deja la guerra, la pérdida de vidas humanas, la destrucción de proyectos de vida es solamente la punta del iceberg en una guerra. Parece que las guerras y sus consecuencias, no han dado las lecciones que se hubiera pensado dieron.
En relación con las redes sociales, en particular Twitter, cada vez se siente más tenso el ambiente. Literalmente lo denso se percibe al leer los mensajes y ver los videos que están en las ligas que se suben. Hay acusaciones por todos lados. La mayoría de las personas, e incluso para sorpresa, algunos diplomáticos han entrado en las descalificaciones. En general las empresas y autoridades no han entrado en este altercado de palabras.
Respecto a los cuerpos diplomáticos, lo que antes era impensable que hicieran, y menos dentro de las cortesías que se deben seguir en el mundo del servicio exterior, se leen adjetivos calificativos y acusaciones. Antes en el mundo diplomático, la forma era el fondo, sin embargo, se está desvaneciendo esa línea por la dinámica de las redes sociales y su inmediatez.
Los mensajes en Twitter están siendo la forma y el fondo al mismo tiempo. Esta rapidez en las acusaciones hace que las repuestas estén siendo igualmente al instante. En muchas ocasiones cuando una respuesta es reactiva sin pensarse previamente, impide darse cuenta de las consecuencias de las palabras hirientes que imposibilitan llegar a una solución diplomática del conflicto. Se genera más caos y más incertidumbre. No hay tregua para ver el conflicto saliéndose de huracán. Tomar decisiones desde el remolino, no es sano porque se genera mucha confusión y con ello la escalada en el conflicto crece y crece porque impide que las partes dialoguen sin el ruido y sesgo que genera la desinformación en redes sociales.
Hay un derecho a la paz, obligaciones nacionales e internacionales de no intervención, pronunciamientos claros sobre la no intervención y condena prácticamente unánime a la invasión y a la guerra, sin embargo, estos pronunciamientos se pierden dentro del mar de desinformación.
Las redes sociales no están ayudando a que el conflicto cese ni a que haya un alto al fuego. Esta guerra además de ser también económica es una guerra en redes sociales. Aun cuando Rusia ya prohibió el uso de algunas redes sociales, no necesariamente fue para parar el mal uso de ellas.
Ha llegado el momento en que se regulen las redes sociales.