Si solamente escucháramos al director general de la CFE, sería inevitable concluir que el Sistema Eléctrico Nacional está al borde del colapso y que, por los “abusos de los privados”, la contabilidad de CFE Transmisión no es más que un enjambre de costos, pérdidas y subsidios. Suena francamente alarmante.

Con cada día que pasa, el discurso insidioso de las autoridades –que apareció oportunamente apenas al momento de justificar sus acuerdos y planes de “confiabilidad”– es menos creíble. Ya con varias semanas de demanda eléctrica disminuida detrás de nosotros, no hay duda de que los operadores de las redes eléctricas han enfrentado nuevas dificultades. Pero ningún sistema eléctrico de ningún país –ni los avanzados, ni los atrasados, ni los muy limpios ni los muy fósiles– ha colapsado por culpa de los renovables. Hasta la red de México ha salido adelante. Es reconfortante. Aquí hay evidencia directa de que los técnicos pudieron salir avante sin el empujón del acuerdo instruido, o impuesto, por la Secretaría de Energía, que ha sido suspendido en múltiples ocasiones por el poder judicial mexicano.

El discurso de víctima de la CFE en transmisión y distribución es aún menos creíble. De acuerdo con los resultados de la cuenta pública del 2019, este negocio no es la pesadilla que su director general cuenta. Por el contrario, obtuvo importantes ingresos, de 75,000 millones de pesos, y utilidades significativas, de 18,000 millones de pesos. Es un margen de utilidad de 24%, que para un monopolio regulado se podría considerar hasta “leonino”. En distribución, también un monopolio regulado, el margen de la CFE es de 11 por ciento. Las ganancias de esta subsidiaria ascienden a casi 14,000 millones de pesos. En ninguno de los casos, por cierto, se registra subsidio alguno que la CFE otorgue.

Para CFE, ni Transmisión ni Distribución son un problema. Son un pretexto. Aquí hay un dato muy inconveniente para el discurso oficial de la CFE: en contraste con las ganancias de Transmisión y Distribución, cinco de sus seis subsidiarias de Generación pierden dinero. La única de las seis que no perdió dinero ni en el 2018 ni en el 2019 es CFE Generación V, que es una subsidiaria que en realidad no genera electricidad, sino que está encargada de comprársela a los productores independientes de energía. Los resultados (pérdidas) de las subsidiarias de generación se compensan por completo con apenas una fracción de las ganancias de Transmisión.

Si las cuentas de la CFE de Bartlett no dan para lo que sea que estime necesario, ¿por qué recargarse sobre las tarifas de transmisión y distribución, su monopolio con ya elevados márgenes, y no reconocer que el problema es la poca competitividad de más del 80% ciento de sus subsidiarias de generación?

Por cierto, ni las ganancias en el negocio de redes de CFE en transmisión y distribución juntas contrarrestan los abultados gastos de la subsidiaria CFE Corporativo en servicios personales, de 67,500 millones de pesos. Del 2018 al 2019 son gastos que han seguido creciendo. ¿Por qué no, en vez de ser un CEO que desboca sus energías en exigirle a las autoridades mayores tarifas monopólicas, propone recortes a los gastos intangibles? Quizás, en medio de esta discusión surrealista, esto suene como una pregunta arriesgada y controversial: ¿por qué no, en vez de la retórica del reclamo, apuesta por un legado que transforme al portafolio de plantas de la CFE de impresentable a competitivo?

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell