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Opinión

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La violencia, enemiga del turismo

La ocupación en este spring break habrá de bajar hasta 88% en Acapulco como consecuencia de la violencia que se vive en México. Esto lo dice un medio de Estados Unidos, citando un periódico mexicano.

Spring Break in Mexico could be deadly dice la nota de estos días, de otro diario de Estados Unidos. Y hace referencia a la violencia que vive, también, Acapulco.

Hay una alerta en aquel país para no viajar a San Luis Potosí como una respuesta al asesinato del agente migratorio Jaime Zapata.

Es un hecho que desde hace meses algunas de las navieras más importantes del mundo han dejado de hacer escala en los puertos mexicanos como Mazatlán, Puerto Vallarta o, claro, Acapulco por temor a la violencia.

Lo peor es que no hay forma de desmentir esos temores de venir a algunos de estos destinos y no estar expuestos a la violencia.

Es un hecho que en Estados Unidos hay ciudades que son simplemente imposibles de visitar. Washington DC, Detroit, Miami y Los Ángeles tienen zonas que son imposibles para turistas. Los índices de violencia en muchas de las ciudades más grandes son más altos que en México.

Sin embargo, hay diferencias básicas. En primer lugar, los actos de violencia y el enfrentamiento entre delincuentes y autoridades no son presentados como una guerra contra el crimen organizado. Los marines están más pendientes de Libia que de las calles de New Jersey.

Las diferentes agencias federales colaboran con las policías locales en un perfil de muy bajo impacto mediático.

Además, la forma de promocionar los destinos turísticos es con respeto a marcas individuales. Las Vegas, Nueva York, Disney World, El Cañón del Colorado. No hay una marca Estados Unidos.

La marca México es reconfortante para nuestro nacionalismo o incluso con fines electorales. Pero cuando este país ha acreditado una guerra contra el crimen y cuando las notas de violencia ocupan la única información disponible de este territorio, lo mejor sería dejar a salvo la marca México para mejores tiempos y promocionar los destinos específicos que son seguros de visitar.

Cancún, por ejemplo, goza de una fama individual tan bien posicionada que las reservas para el spring break están con incrementos importantes para este año.

Por eso, nuevamente el turismo se fija como una de esas metas importantes del gobierno. Y ahora que, otra vez, se hace un anuncio espectacular, quizá uno de los puntos básicos debería ser la seguridad y después la promoción de la seguridad.

La campaña Vive México de mayo del 2009 les quedó muy bien, con un elenco de artistas y cantantes que vestían muy bien una producción televisiva de primer nivel, pero que no pasaba de un aislado impacto de imagen.

Ahora, el enésimo montaje espectacular de un programa presidencial incluye medidas inteligentes y de sentido común, como la facilitación migratoria. Algo básico que es un gran lastre para los turistas.

Ordenamiento urbano, inversiones, créditos, infraestructura. Un buen proyecto que ojalá no corra la suerte de muchos otros anuncios espectaculares como el famosísimo plan carretero, que es un rotundo fracaso, salvo que el nuevo titular de la SCT saque del pasmo en el que metió a esa dependencia Molinar Horcasitas.

Así que hacer de México ese quinto lugar mundial del turismo tiene que pasar inevitablemente por la seguridad.

Porque hasta los locales ya tenemos miedo de echarnos un acapulcazo por los elevadísimos niveles de violencia.

La primera piedra

El gobierno federal cumplirá su promesa de eliminar la Tenencia a partir del próximo año. Una gran cantidad de estados del país ya se han adelantado a esta medida, siguiendo el ejemplo de Querétaro.

Pero el Distrito Federal, no el gobierno de Marcelo Ebrard, ha decidido que aunque desaparezca la Tenencia federal, ellos -las autoridades del Gobierno del Distrito Federal, junto con su oficialía de partes instalada en la Asamblea Legislativa- habrán de crear un impuesto local que les permita seguir metiendo la mano en el bolsillo de los automovilistas.

El problema es que el Estado de México ha anunciado su decisión de respetar el fin de la Tenencia. Y es un problema porque la capital del país está rodeada por esta entidad, lo que podría implicar una repentina migración de miles de automóviles a matricularse en esa entidad.

Sin candados de control, podrán perder miles de contribuyentes. Independientemente de los votantes que esta medida tan impopular le haga perder al perredismo de la capital.

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