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Opinión

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La tragicomedia de la legalidad

La existencia de leyes no garantiza un Estado de Derecho. Se requiere de certeza jurídica: certeza en el cumplimiento y en la aplicación de la ley.

Hace un par de años iniciaba mi colaboración en estas páginas con un texto titulado La comedia de la legalidad .

Apuntaba entonces que los mexicanos no creemos en la ley, en buena medida porque nunca nos hemos sentido protegidos por ella, porque no hemos encontrado su utilidad y, peor aún, porque quienes están encargados de aprobarlas, cumplirlas y hacerlas cumplir son los primeros en violarlas, negociarlas o ignorarlas.

El ciudadano aprende que siempre hay una buena razón para no cumplir la ley. El Estado de Derecho se invoca en el discurso, pero jamás se vive en la práctica.

Vayan dos ejemplos más recientes de nuestra parodia legal.

En la versión trágica, una pequeña desapa­rece y después es encontrada muerta en circunstancias por demás extrañas. Correspondería a la autoridad esclarecerlas y deslindar responsabilidades.

En lugar de ello, ante la presión generada, la propia autoridad se apresura a presentar el testimonio televisivo de una psiquiatra que declara a la madre inteligente, astuta, fría y mentirosa . En conclusión, presunta homicida.

¿Dónde quedaron la investigación, el debido proceso, la sentencia judicial y, desde luego, la presunción de inocencia consagrada en la Constitución? No importa, la sociedad indignada requería de un culpable para linchar y la autoridad se lo dio.

En la versión cómica están las reacciones en torno de la fallida integración de un registro de usuarios de teléfonos celulares. Desde los ciudadanos que desconfían de la autoridad, que no quieren dar sus datos, que no han tenido tiempo de registrarse, que no comprenden el trámite, que no ven su utilidad y, finalmente, que dudan que se apliquen las sanciones y les cancelen la línea.

Y como cereza del pastel, un Congreso que estuvo a punto de decretar una prórroga de un año para realizar un trámite que toma unos minutos (o una hora, si tuvo que reenviar el mensaje de texto varias veces). Poco importaba el objetivo de disminuir las extorsiones y otros delitos asociados. Cerca estuvimos de inaugurar una nueva modalidad para ignorar la ley: los incumplidos unidos jamás serán vencidos.

No nos engañemos.

La existencia de leyes no garantiza un Estado de Derecho. Se requiere de certeza jurídica: certeza en el cumplimiento y en la aplicación de la ley.

De otra forma, la tragicomedia de la legalidad mexicana no tendrá un final feliz.

vortiz@eleconomista.com.mx

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