Muchos enfoques en cambios conductuales de la alimentación se basan en el hecho de creer que la información dada a las personas puede hacer que haya un mayor razonamiento y mejorar su alimentación. Desde las ciencias sociales, se sabe que la racionalidad no es lo que determina 100% las elecciones ni las acciones de las personas. El razonamiento es una adaptación que los seres humanos hemos hecho como parte de la evolución, pero siempre permaneciendo como seres hipersociales. Algunos científicos han llamado sesgo de la confirmación a la tendencia que tenemos de hacer más caso a informaciones que apoyan lo que creemos y a rechazar las informaciones que contradigan lo que creemos.

De esta manera podemos explicar por qué aun existen creencias alrededor de los alimentos que siguen arraigadas en una colectividad, y por qué es difícil hacer que las personas tengan nuevas ideas sobre un alimento o sobre lo que significa alimentarse. Por ejemplo, aunque se sepa científicamente que hay ciertos tipos de grasas que son necesarias para el buen funcionamiento del organismo, los alimentos grasosos son inmediatamente clasificados como malos. Las personas somos más proclives a aceptar informaciones como ciertas cuando éstas son acordes con nuestras creencias previas, no sólo en el campo de la alimentación, sino también en la salud, en las preferencias políticas, en la ideología religiosa, en decisiones económicas, etcétera. Otro de los conceptos que han revolucionado el hecho de sobreestimar la racionalidad es la ilusión de la profundidad explicativa. Las personas creen saber más de lo que saben y, por lo general, lo que nos permite creer esto son las personas que están a nuestro alrededor. Confiamos en el expertise de los demás para creer que sabemos más de lo que en realidad sabemos. El lado positivo de esto es que nos permite trabajar en colectivos y colaborar. El aspecto no tan positivo es que, por ejemplo, en alimentación una cosa es saber qué alimentos nos hacen sentir bien y otra conocer los mecanismos fisiológicos o incluso psicológicos por lo que un alimento nos atrae o nos trae un beneficio.

Como una regla general, los estudiosos de la racionalidad han descubierto que, entre mayores sean nuestros sentimientos o emociones sobre algún alimento, tema, partido político o ideología, menos conocemos los mecanismos y las partes que los constituyen. En el área de alimentación esto se vuelve más complejo, puesto que la variedad de informaciones contradictorias muchas veces proviene de fuentes válidas. Incluso, fisiológicamente se dice que sentimos un aumento de adrenalina cuando vemos informaciones que concuerdan con nuestras propias creencias. Somos seres racionales, pero, ante todo, somos seres hipersociales.