Cuando los expertos en salud tienen que acomodar su discurso a lo que dice el presidente y no a la realidad de una enfermedad tan invasiva y poco conocida como la del Covid-19, el resultado es una confusión entre la población, malas decisiones y un aumento en los contagios.

Los mensajes confusos, hasta esquizofrénicos, entre una pandemia domada y un aumento de los contagios han provocado que muchas personas rompieran el confinamiento. Muchos de los que han retado al SARS-COV-2 con su “Detente” en la mano y han emprendido sus propias giras, han perdido ante los efectos devastadores del coronavirus.

Esa administración fallida de la pandemia se traspasa a la otra crisis, la económica que ya también está llena de mensajes contradictorios, patrocinados por la propia autoridad.

Dicen las encuestas que son muchas más las personas que hoy están preocupadas por la crisis económica que por la posibilidad de contagiarse de Covid-19. Para la mayoría es más creíble tener impactos en el bolsillo antes que terminar en un hospital.

Y si en la enfermedad nos encontramos con “crecimientos horizontales” y curvas aplanadas, olvídese lo que viene con el discurso económico.

Es insultante para millones de personas, que hoy lo pasan terriblemente mal sin empleo o con ingresos recortados, que el presidente presuma como el inicio de la recuperación que el dólar esté en 22 pesos y no en 25. O que se adorne con lo bien que nos va a ir por perder sólo 1 millón de empleos.

El que recién reapareció, para tratar de explicar al pueblo que vamos requetebién, fue el secretario de Hacienda, Arturo Herrera. Con menos tablas de comunicador que Hugo López-Gatell, pero con el mismo riesgo de quedar igual de desacreditado que el epidemiólogo, este economista en jefe de la hacienda pública vende un escenario de recuperación en palomita.

El consenso mundial es que ésta es la peor parte de la caída económica: la del confinamiento y el cierre de actividades. Esto será así en la medida que no haya rebrotes importantes del Covid-19.

Donde está la diferencia es en lo que sigue tras la crisis epidemiológica. La palomita implica una caída libre en la que todavía estamos, tocar fondo y después iniciar un proceso lento de recuperación dispar, gradual, nunca a la velocidad de la caída.

Las complicaciones adicionales que se suman en el caso de la economía mexicana, como el estancamiento previo del crecimiento, la declarada guerra a las empresas energéticas privadas, las decisiones de recorte al gasto en áreas productivas y en general, la pérdida de confianza en la economía de este país, invitan más a mantenerse en la parte baja por largo tiempo antes de emprender una recuperación.

El modelo de la palomita suena bien porque es como el símbolo de aprobación de las tareas escolares. Pero en la hoja de proyecciones económicas para México más bien lo que se ve es un estancamiento prolongado que más se puede convertir en una “U” o una “W”. En fin, sofisticaciones de pizarrón que sólo anticipan malos tiempos.

La palomita que anticipa la 4T para la economía, en realidad esconde el enorme tache que tiene esta administración en materia económica.

Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.