Cuando pensamos en la alimentación, es un hecho que sus diferentes dimensiones están presentes en nuestra forma de ver al mundo, de vivir el día a día y de relacionarnos con los demás. La alimentación es un hecho total social, parafraseando al sociólogo francés Marcel Mauss; es decir, tiene diferentes dimensiones interconectadas entre ellas que definen nuestra manera de comer: dimensiones sociales, culturales, biológicas, ecológicas, económicas, de salud, religiosas y un largo etcétera.

Siendo un hecho tan complejo, es usual que las personas diseccionemos la alimentación en sus diferentes aspectos, a veces para referirnos a ella y otras para pensarla. Dos de los aspectos de mayor peso contemporáneo son el lado gastronómico de la alimentación y el lado nutricional. Basta asomarnos a redes sociales para ver todos los puntos por los que nos aproximamos a la alimentación: recetas, blogs, tips de nutrición, tendencias gastronómicas, entre otros.

Un aspecto que resalta y que históricamente ha sido relevante es nuestra manera de compartimentar estos saberes sobre la alimentación y relacionarlos con estereotipos de género. La gastronomía, por lo menos hasta hace unas décadas, parecía ser un trabajo exclusivamente masculino. aunque hoy existe una fuerte presencia de mujeres desarrollándose en esta área, existen voces que denuncian la discriminación flagrante de las mujeres en la cocina profesional. Históricamente, la cocina se dividió entre casa y restaurante, espacio privado y espacio público, trabajo no remunerado y trabajo remunerado. En estas dicotomías, quedaba establecido que eran los hombres quienes se desarrollaban en la cocina siempre y cuando fuera un trabajo público, pagado y, en muchos casos, acreedor de un prestigio social cuando se llegaba a los restaurantes de alta cocina. No importaba que históricamente fueran las mujeres a quienes se les responsabilizaba de cocinar en la esfera doméstica ni que muchas de ellas fueran las poseedoras de los verdaderos conocimientos de cocina que vienen de la transmisión oral.

Por otro lado, cuando se aborda la alimentación desde el tema de la nutrición, es un lugar común pensar que la mayoría de personas interesadas en estos aspectos serán mujeres. Una mayoría de los emisores de esta información también es mujer. Detrás de este hecho, hay varios aspectos sociales: desde el hecho de que históricamente se responsabilice por el bienestar de salud a la mujer como cuidadora de estos aspectos dentro de una familia, hasta el hecho de que en las recientes décadas se confunde bienestar con modelos corporales de belleza socialmente impuestos hacia las mujeres.

Es entonces que pareciera que los aspectos que elevan la alimentación a un arte, o que involucran un disfrute, están históricamente más relacionados con los hombres, mientras que los aspectos de obligación, cuidado y preservación de la salud —y por qué no de un cierto tipo de cuerpo— están reservados a mujeres. Ambas acepciones son dañinas para ambos géneros, ya que las mujeres que se desarrollan en el área de la cocina profesional son tan capaces como los hombres que hacen ese trabajo. Por otro lado, el cuidado de la salud por medio de la alimentación no es un tema que debería de excluir a los hombres, desde la manera en la que se dirigen los mensajes, hasta el hecho de que a los hombres también les interesaría cuidar su salud, un aspecto que no necesariamente tiene que ver con tener un cuerpo perfecto o musculoso.

Twitter: @lilianamtzlomel

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.