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La mula no era arisca
Desde que tengo uso de razón he escuchado decir a los más viejos de la comarca muy pronto estaré en ese elenco- que los mexicanos llegaremos tarde al Juicio Final. (Se supone que ese día fin del mundo- cada ser humano será juzgado ante el Gran Trono Blanco de Dios, según sus obras que están registradas en un libro. Lo que no dice el Apocalipsis es en qué orden seremos juzgados. Hay varias opciones: por fecha de nacimiento, por fecha de fallecimiento, conforme vayamos llegando, por estaturas, según la importancia de nuestras vidas: primero los ilustres y luego la perrada. Lo más democrático sería que el Juicio Final fuera por insaculación: en una gran tómbola se pondrán bolitas con los nombres de todos los que vamos a ser juzgados un chingamadral más los que se acumulen- un escuadrón de ángeles girará la gigantesca esfera de la suerte y una mano santa propongo la de la Madre Teresa- sacará la pelotita con el nombre del que va a ser juzgado; dos ángeles, vestidos como gritones de la Lotería, vocearán el nombre del insaculado que pasará a juicio. Otro método que se me ocurre es que el juicio sea por riguroso orden alfabético. ¿Para qué llegar temprano si voy detrás sin albur- del padre Maciel cuyo proceso va a tardar un buen rato? ).
Historia es destino
Que la falta de puntualidad es una característica ancestral de nuestra idiosincrasia, dan cuenta los códices prehispánicos. Análisis iconográficos del Códice Colombino nos hacen saber de la reticencia de los mexicas a llegar a tiempo a los sacrificios humanos, sobre todo las doncellas y más a las que ese día les tocaba ser sacrificadas. Por la Tira de la Peregrinación del Códice Durán, nos enteramos que los aztecas se tardaron un año ácatl (caña) equivalente a 13 años occidentales- más de lo previsto en llegar a Tenochtitlán. Razón por la cual el águila que puntualmente se instaló en el islote para devorar la serpiente tuvo que ser contra su voluntad- amarrada al nopal hasta que éstos llegaron. (Tuvieron que prometerle estampar su imagen en el escudo nacional para que se quedara).
La impuntualidad de la civilización mesoamericana no fue atemperada por el mestizaje. Al contrario, los españoles también eran dados a la impuntualidad, con una agravante más, que al paso de los siglos no hemos podido sustraer de nuestros usos y costumbres la inclinación a pedir prestado. Un ejemplo lo tenemos en Isabel I de Castilla, conocida con La Católica, que tardo seis años en desempeñar la joyas cada dos meses pagaba el refrendo y hacía la promesa del pago total- que pignoró para solventar el viaje de Cristóbal Colón.
De la impuntualidad a la desconfianza
Pero dejemos a un lado asuntos religiosos e históricos. La cuestión es que los mexicanos del siglo XXI somos una sociedad impuntual, negligente y poco previsora, proclive a contraer deudas y dejar para última hora cosas de vital importancia. Roberto, hay que dar de alta a Jorgito en el Registro Civil porque ya tiene que hacer el Servicio Militar .
De ahí que siempre esperemos el último día para pagar la Tenencia automotriz, el predial, verificar el coche y hacer nuestra declaración de impuestos. Y esto nos acostumbramos a hacerlo porque hay un gran porcentaje de la población a la que los tiempos y plazos de las actividades aludidas les vale madre.
Sin embargo, en el caso que hemos elegido como tema de esta columna: la obligación del registro de celulares con datos personales y privados, cuyo incumplimiento dejará incomunicados dicen que a partir de mañana- a 32% de los usuarios de esta telefonía, hay un factor que rebasa la proverbial impuntualidad y la típica desidia mexicanas: la desconfianza.
¿De qué tamaño será el bien ganado desprestigio de la clase política autóctona, de qué magnitud el grado de corrupción que los ciudadanos de a pie percibimos en las esferas gubernamentales, que una medida supuestamente implementada para cuidar a los ciudadanos de las extorsiones vía telefónica genera tal suspicacia que la tercera parte de la población prefiere abstenerse al registro asumiendo las complicaciones, incomodidades y costo que esto representa?
Y es que a base de palos , como el que nos dieron hace 10 años con la venta de los datos contenidos en el padrón electoral a una empresa estadounidense, nos hemos vuelto ariscos. O dicho de otra manera: la sociedad mexicana se asemeja a una mítica sirena, no abre las piernas porque está escamada.
El país de las paradojas
Aquellos desobedientes que no registraron su celular por considerar que el Renaut atenta contra su privacidad, argumentan que si bien el registro fue creado con fines de seguridad pública, funcionaría muy bien en Suecia o en Noruega, pero no en el México mágico de hoy donde todo puede suceder.
Para empezar no hay manera de verificar que los celulares que funcionan con base en tiempo aire hayan sido registrados a nombre del auténtico dueño. Se dieron casos en que éstos fueron inscritos con nombres falsos, inventados o reales. Inclusive, según notas periodísticas, el comercio informal estuvo vendiendo aparatos con el chip ya registrado a saber a nombre de quién. En este orden -más bien desorden- de cosas, razonan los rebeldes, ¿quién puede garantizar que empleados desleales de la dependencia no vendan los datos del padrón a la misma delincuencia que se pretende combatir lo que facilitaría su manera de extorsionar?
Suena tu celular. Contestas. Escuchas una voz: ¿La señora Daniela Dávalos Bustos? Yo soy. ¡Felicidades, acaba usted de ganar una camioneta del año! Incrédula, preguntas: ¿Yo? Sí usted, bella damita, su fecha de nacimiento es el 15 de mayo de 1979, ¿no? Sí. Pues la camioneta es suya. Antes de recogerla tiene usted que comprar dos tarjetas telefónicas y abonarlas a tal número. Te da el número y piensas que ya la hiciste. Luego llega tu marido y se dan cuenta que todo fue un timo. Cuando hablas al Renaut para quejarte y saber a quién pertenece el número del que te hablaron te dicen que a Carlos Salinas de Gortari. Tu marido dice: ¡Pinche pelón, nos volvió a chingar!
También puede darse el caso, arguyen los no inscritos, que la base de datos Renaut, caiga en manos de una empresa vendedora de bagatelas, lo que produciría esta escena: Al contestar su celular la señora escucha Las Mañanitas y enseguida una voz de merolico: Felicidades doña Gisela Pico Oteo, hoy por ser día de su cumpleaños Marketingphone tiene para usted un increíble regalo: un frasco de la famosa crema humectante antiarrugas Nalga de Princesa. Haga efectivo su regalo con sólo comprar dos frascos adicionales que, en este día tan especial, le venderemos al precio de uno. Pague uno: reciba tres.
Pero la peor tragedia, deducen los oponentes al registro, sería que el padrón cayera en manos de una institución bancaria de las que andan buscando a sus deudores. Esto podría hacerse realidad: Un celular suena en la madrugada. Su dueño despierta y escucha: Eloy Rosado de la Colina, al fin lo hemos localizado. ¿Qué espera para pagar la deuda que tiene con Banco Gemos? Lo tenemos rodeado. Tire su teléfono al suelo y salga con las manos en alto.
Oí por ahí
Para luchar contra el espíritu inquisidor que, de manera sumaria e implacable, se expresa en los medios de comunicación contra la Iglesia , el Vaticano exhorta a los sacerdotes pederastas a encomendarse al Santo Niño de Anoche.