El Servicio de Administración Tributaria (SAT) jura que se trata de un asunto de leyes, que nada tiene que ver con un acto de control político o de efecto propagandístico.

Lo cierto es que su portal de Internet, de visita obligada para cualquier contribuyente, tiene como primera imagen la leyenda Lista de contribuyentes incumplidos . Y en esa enorme canasta que se presenta de esa forma tan destacada caben muchos, pero no todos. Y me explico.

Están los que le deben al fisco y no han pagado sus deudas. También incluyen en ese apartado tan notorio por parte del brazo ejecutor de la Secretaría de Hacienda a aquéllos que tienen sentencia condenatoria por haber cometido un delito fiscal.

Pero también, en la lista de portada de tan rimbombante nombre están cortados con la misma tijera los contribuyentes no localizados. Con su respectiva chicana jurídica de separar más adelante el contenido de los artículos 69 y 69-B del Código Fiscal de la Federación.

De entrada, todos, delincuentes o contribuyentes no localizados, son parte de la lista negra del SAT. Y perdón, pero no es lo mismo.

Le decía que en la lista del inquisidor no están aquéllos a los que se les ha condonado o cancelado algún crédito fiscal, porque ahí el gobierno federal, vía la Secretaría de Hacienda, vía su brazo ejecutor, el SAT, decidió que no existiera la retroactividad y, por lo tanto, sólo aparecerán aquellas condonaciones o cancelaciones posteriores al día 1 de este mes.

Retroactividad que sí aplican a los demás sin mayor explicación de por qué la diferencia en el criterio. Sin dar razón de por qué a los que les perdonaron el pago de impuestos, la justicia y la gracia fiscal, y a los que no pudieron recibir al verificador a las 11 de la mañana por tener que trabajar, la justicia a secas.

Esto le valdrá a la autoridad fiscal una confrontación con la oposición en el Congreso, que deberá preguntar y con justa razón por qué no incluir la lista de los beneficiarios de tal gracia tributaria de deber impuestos y no pagarlos por haber recibido una condonación o cancelación.

Dicen desde el SAT que su lista negra es un reconocimiento a los que sí pagan impuestos. De entrada, muchos de los incluidos en su listado sí pagan sus impuestos. Y si quieren reconocer a los que pagamos, entonces, deben gastar mejor los recursos obtenidos, sin dispendios en muchos casos tan evidentes.

La autoridad fiscal debería conseguir aliados en su necesaria cruzada fiscal. Perseguir a los verdaderos evasores y no generar un sentimiento de animadversión entre la opinión pública que tiene elementos suficientes para calificar de autoritarios a los que cobran impuestos.

Entre la corrupción e impericia del gasto público, o sea del dinero de los contribuyentes y las evidentes muestras de evasión fiscal en la economía mexicana, mal hace el SAT en conseguirse animadversiones.

Claro que el cobrador de impuestos no está para que lo amen, pero tampoco para hacer política y actos de propaganda con sus instrumentos.

Pero los rasgos arbitrarios no son mensajes del recaudador, son señales del gobierno que lo sostiene y que hace a muchos redimensionar las prácticas del viejo régimen reinstaurado en el poder.