Lectura 4:00 min
La ley del mínimo esfuerzo
La reforma a la Ley de la Industria Eléctrica, la primera iniciativa preferente presentada por la Administración del presidente López Obrador, ya tiene muchos nombres. ‘Contrarreforma Energética’, ‘Ley Combustóleo’ (término acuñado por Victor Ramírez) y ‘Ley Bartlett’ capturan puntos importantes de su ideología, impacto ambiental y autoría intelectual, respectivamente.
Pero hay algo más, que ninguno de estos apodos puede capturar. Esta es una oda a la peor de las versiones de la ley del mínimo esfuerzo.
De entrada están las consideraciones de forma. ¿Notaron cuántas reservas eran simplemente por problemas, descuidos, en la forma de expresión? Pero eso siempre se puede descontar como irrelevante.
Así que vale la pena detenerse en el proceso. Con todas las ‘acciones ejecutivas’ para materializar la agenda monopolística de CFE suspendidas o declaradas como inconstitucionales, el presidente y su equipo pudieron haber reconsiderado y llevado a cabo el profundo ejercicio intelectual de replantear los argumentos y recalibrar las políticas para lograr lo que querían y, al mismo tiempo, cumplir con la Constitución y los Tratados Internacionales. Pero se fueron por el camino fácil, usando lo que realmente tienen a la mano: la fuerza bruta de sus números en el Congreso. Dentro de ese camino, además, no eligieron la discusión legislativa significativa. Se fueron, de nuevo, por la vía fácil del fast track por mandato presidencial, con tremenda presión partidista. Ya encarrerados, no contestaron ninguna de las críticas o consideraciones negativas que presentaron o las comisiones o el propio Centro de Estudios de Finanzas Públicas. Los mayoritearon, como la ley del mínimo esfuerzo instruiría.
Por fin llegamos a lo más importante: el contenido. Aquí es donde realmente brilla su estricto apego a la ley del mínimo esfuerzo. Retóricamente, se puede apelar las veces que sea al fortalecimiento de la CFE. Pero no hay ni una palabra en la Ley Combustóleo que realmente la impulse o la modernice. No hay ni una letra en la Ley Bartlett que vaya a resultar en un menor costo de generación, el estándar de oro de la auténtica competencia. Lo único que hay en esa iniciativa son argucias y obstáculos para permitir que la rebasen. con un poco de distancia, todo esto de cancelar permisos y contratos, y cambiar el orden de despacho en favor de la CFE, se lee como una confesión de Bartlett y el presidente López Obrador. Parece que realmente ven a la CFE como desahuciada y, en la tercera década del siglo XXI, consideran que no puede competir efectivamente en generación. ¿A esto está reducida su aspiración contrarreformista? ¿A erigir a CFE Generación como una especie de cid eléctrico campeador que mantiene a sus enemigos imaginados, los molinos y espejos de silicio que fueron los héroes de alguna reforma, a raya?
Es increíble que esto se tenga que aclarar. Pero todo esto no ocurre en un campo de batalla, sino dentro de un sector productivo de una de las economías más importantes del mundo. Así que es más propio del quijote que del cid. Y, cuando se asiente el polvo de la retórica, quedará claro que los embates no fueron más que burdamente destructivo. Nadie ganó.
Pero los otros caminos para lograr objetivos, todo lo que sea constructivo, serían agotadores. ¿Revivir a CFE? ¿Revitalizarla? ¿Modernizarla e impulsarla? Independientemente de que se pueda, ¿quién en el gobierno tiene tiempo y ganas para eso? Así que, no nos compliquemos. En esto no puede quedar duda: que nadie diga que aquí en México, en este momento, no se sigue la ley –aunque sea la del mínimo esfuerzo.
@pzarater

