La innovación, en su conceptualización más amplia, puede referirse a la implementación de un producto, bien o servicio nuevo o significativamente mejorado. Puede también concebirse como la instrumentación de tecnologías totalmente nuevas, nuevos métodos de comercialización o novedosas formas de organización de una empresa

La innovación de un producto o proceso puede serlo para la empresa, para el mercado o para la sociedad; pero como sea, mantiene como principales características que su aplicación está dirigida a resolver un problema y a generar rendimientos considerables.

La innovación empresarial de nuevos productos es un factor importante de impulso del crecimiento económico y una posibilidad de solucionar problemas sociales y ambientales, partiendo desde distintos sectores de la economía.

Ahora bien, para que el proceso de innovación tenga efectos en la sociedad debe reunir tres elementos básicos: provenir de un proceso de Investigación (básica o aplicada); del proceso de desarrollo de nuevos productos, ambos conocidos como el proceso de Investigación y Desarrollo (I&D), y finalmente ir acompañado por la adopción dirigida en beneficio de los consumidores.

A nivel internacional, los gobiernos destinan recursos para que instituciones públicas o privadas realicen actividades de I&D.

Entre países existen grandes diferencias entre el grado de generación de I&D y de impulso a proyectos de innovación; una medida es el indicador del gasto en I&D con respecto al PIB (Gide/PIB), que mide el grado de desarrollo de un país respecto de la investigación científica y tecnológica.

En un comparativo entre países para el 2012, se observó que países desarrollados dedicaron entre 1.65 y 3.40% de su PIB al Gide; entre países emergentes la proporción promedio fue de 1.94%; mientras que países de Latinoamérica y el Caribe en promedio fue de 0.62%; en México fue de 0.44% para ese año.

Estos datos reflejan el hecho de que actualmente los países con mayor desarrollo económico están impulsando con vigor la innovación, dedicando considerables recursos a la creación de estructuras y de un ambiente propicio para la innovación; aunado al impulso de proyectos específicos en distintos sectores económicos.

El sector primario como principal productor de alimentos no es la excepción. En el mundo, la necesidad de incrementar la producción de alimentos implica el reto de cambiar los métodos de producción, que puede significar adoptar innovaciones tecnológicas en diferentes etapas de la red de creación de valor.

En la literatura se demuestra que los retornos a la inversión en innovación generan rendimientos importantes. En el estudio de Julian M. Alston (2000) se evidencia que la tasa media de retorno de la I&D en la agricultura es de 64.6%; en general se acepta que la tasa de retorno se ubica en promedio en 40 % entre los países de la OCDE. En su estudio el autor concluye que la evidencia sugiere que la I&D en la agricultura paga generosamente a la sociedad.

En la siguiente nota comentaré un diagnóstico del proceso de innovación en México y en la agricultura, para demostrar el alto potencial que tiene la inversión en innovación en el sector agropecuario de nuestro país.

*Angélica Fermoso Gómez es especialista en la Subdirección Técnica y de Redes de Valor de FIRA.

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