La cultura de la indiferencia se ha impuesto y el clima social creado por ella propicia que la política se vea como algo cada vez más ajeno; las nociones de interés general y bien común se desdibujan , sostiene Josep Ramoneda.

 

El filósofo español, que dirige el Institut de Recherche et d’Innovation (París) y el Centro de Cultura Contemporánea (Barcelona), concedió una entrevista a Carlos Rubio Rosell en Madrid, donde habla de su libro, Contra la indiferencia (Galaxia Gutenberg) ( El Ángel , Reforma, 13/02/11).

La indiferencia tiene tres maneras. La primera es cuando se plantea el abandono de la polis, la apoliteia, el dejar la política de lado y creer en que es posible prescindir de ella . Quien piensa así niega la realidad de la que es parte. 

La cultura de la indiferencia, destaca, es la segunda forma:  Se diferencia del otro y, por tanto, se le mantiene a distancia, lo que lleva implícita la negación del reconocimiento mutuo . La tercera forma es la banalización, la desjerarquización, el que todo es igual y da lo mismo.

Para Ramoneda, sin sociabilidad no hay ciudadanía, pero ahora sólo privilegia la competitividad, productividad y consumo que son, en su visión, los valores sociales dominantes. La democracia corre peligro si la política no ocupa el lugar que le corresponde.

Existe tensión entre los intereses económicos ahora globalizados y el poder político, local y nacional. La única forma de hacerle frente es mantener viva la cultura del pensamiento crítico y recuperar la política, su dignidad, su significación, su importancia, y buscar niveles de gobernabilidad que permitan la existencia de cierto equilibrio entre lo económico y lo político .

El pensamiento crítico consiste en recuperar la tradición ilustrada, la tradición moderna, siendo muy conscientes de los errores que condujeron a los grandes disparates; es decir, el momento en que el pensamiento o la razón crítica dejó de ser crítica y permitió el surgimiento de los totalitarismos .

Es necesario, por lo mismo, dar lugar al poder de la razón, sin sacralizar nunca la razón, que fue su gran error, sabiendo que ésta también tiene que someterse a la crítica de sí misma . Esta manera de pensar tiene como propósito la defensa de los valores clásicos de la modernidad.

El primero de ellos, el respeto al individuo, le garantiza la capacidad de pensar y decidir por sí mismo, que es a lo que se puede reducir todo. La Ilustración, en su sentido más fuerte, es esto: que cada cual sea capaz de pensar y decidir por sí mismo... .

No existe duda de que el hombre se forma en sociedad, que fuera de la sociedad no existe, que la relación con el otro nos estructura en todos los aspectos; sin embargo, esto no quiere decir que tengamos que aceptar la sumisión acrítica a la comunidad o lo comunitario .

La propuesta de Ramoneda invita a dudar, pensar y romper con los esquemas, estructuras y valores que, por la vía de los hechos, se imponen. El pensamiento crítico, la duda cartesiana, es la posibilidad de conocer y conocerse para actuar con conciencia y responsabilidad.