En muchos ámbitos de la vida, todos necesitamos acudir a expertos que nos orienten y aconsejen, particularmente en temas que no dominamos, a fin de contar con los elementos suficientes que nos permitan tomar la mejor decisión. Ésta es precisamente la función de un asesor.

Desde luego, hay asesores extraordinarios, muy profesionales y con un amplio dominio del tema que les ocupa. Su apoyo es realmente invaluable. Pero también hay muchos que son pésimos y no cuentan con la capacidad necesaria para ofrecer un servicio de calidad.

En nuestras finanzas personales muchas veces necesitamos gente que nos apoye. El problema, sin embargo, es que muchas veces preguntamos a gente poco capacitada, o que nos desorienta. Un ejemplo claro de esto es: le preguntamos al ejecutivo del banco si nos conviene alguna inversión de las que ellos ofrecen. ¡Claro que nos dirá que sí! Incluso aunque trate de hacer una labor más allá de la simple venta, y busque entender nuestras necesidades, únicamente nos podrá ofrecer alguno de los productos que se comercializan en la institución donde labora. Y es muy posible que ese no represente lo que es mejor para nuestro patrimonio.

En el sector financiero, mucha gente trabaja por comisiones. Sus ingresos dependen de lo que nos venden. En este sentido, es muy frecuente ver que los intereses del “asesor” no necesariamente están alineados con los nuestros, lo que ocasiona que los consejos que recibimos de él tengan un sesgo, es decir, busquen orientar nuestra decisión hacia lo que más les convenga a ellos, no necesariamente a nosotros.

Una asesoría es un consejo

Mi madre siempre se queja que nunca tomo los consejos que ella me da. Se equivoca: muchas veces los sigo y muchas no, simplemente porque tengo puntos de vista diferentes en ciertas cosas. Pero siempre los tomo en cuenta para tomar mi propia decisión: la que pienso que es mejor en cada circunstancia.

Eso mismo hay que hacer con los asesores. Ellos primero deben entender bien cuál es nuestro problema (deben primero escucharnos y nosotros tenemos que asegurarnos de que realmente están entendiendo nuestras necesidades). Y luego es nuestro turno de escuchar, y asegurarnos de entender perfectamente lo que ellos nos sugieren, o las alternativas que nos plantean (incluyendo sus pros y sus contras, siempre en relación con nuestras necesidades).

Si verdaderamente escuchamos, entendemos lo que nos dicen (y preguntamos hasta el cansancio hasta lograr comprenderlo perfectamente), tenemos todos los elementos para tomar una buena decisión. Y seguramente lo haremos.

El problema es que mucha gente no hace eso. Toma el consejo del asesor sin mediar ningún criterio, porque “él es el experto”. Aunque no entiendan una palabra de lo que les dice. No sé si en nuestra idiosincrasia está un terrible miedo a preguntar, el hecho es que muchas personas aceptan una asesoría totalmente a ciegas. Y eso es siempre un terrible error.

Recordemos que estamos hablando de nuestro patrimonio personal y familiar. Y varios de nuestros objetivos de vida dependen de él. Por ello es crítico tomarnos el tiempo de encontrar al mejor asesor, pero también obtener conocimientos básicos que nos ayuden a entender y poner en perspectiva los consejos que se nos dan.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com