En las últimas semanas, más de 11 millones de hectáreas han sido destruidas por los incendios forestales en Australia (casi el mismo tamaño que Guatemala o Cuba); 26 personas han fallecido, y se estima que poco más de 500 millones de animales han perecido por esta causa. El impacto ambiental que ha ocasionado el desarrollo económico en las últimas décadas ha sido no sólo el aumento de la temperatura global, sino también el recrudecimiento de fenómenos naturales que ya comenzaron a pasar la factura con cuantiosas sumas por reparaciones y afectaciones a diversas industrias. Por tal motivo, es necesario que exista la responsabilidad de generar riqueza de forma sustentable y que ésta no se vea afectada a futuro por un gasto proveniente de desastres naturales.

En el 2018, California, Estados Unidos, sufrió el incendio forestal más mortífero de su historia, 80 personas fallecieron y según datos de la publicación inglesa The Economist el costo a las compañías aseguradoras fue de 24,000 millones de dólares en reparaciones por seguros de vivienda, sin considerar el costo de la paralización de diversas actividades productivas. En el 2019, México presenció el fenómeno del sargazo en el litoral del Caribe, que afectó la actividad turística en la región. Los efectos del cambio climático cada vez afectan más de manera directa la vida cotidiana y la economía de las personas. Fijarse solamente en indicadores financieros al gestionar el patrimonio puede ocasionar la toma de decisiones de inversión que no maximicen la riqueza a largo plazo.

Está claro que el costo de reducir la huella de carbono de las compañías no debe mermar la sostenibilidad financiera de las mismas. Todo lo contrario, debería aumentar el valor actual de la compañía, al alargar su vida esperada. El enfoque neoclásico de que una empresa debe buscar maximizar el valor al accionista ha cambiado y ahora una empresa debe buscar maximizar el valor no sólo para el accionista sino para todos sus stakeholders, o grupos de interés, que incluyen a clientes, proveedores, colaboradores, gobierno y sociedad.

A nivel corporativo, son cada vez más las empresas que se hacen conscientes de su impacto en el medio ambiente y la sociedad, lo que las ha llevado a establecer departamentos de sustentabilidad, cuyo enfoque no sólo es el de responsabilidad social, sino también el de establecer políticas de gobierno corporativo e impacto ambiental (ESG, por sus siglas en inglés), algo que los inversionistas verán como positivo. La información sobre estos factores aún es incipiente y no estandarizada en términos generales. No obstante, se puede esperar que al igual que existen estándares para la generación de estados financieros, se puedan poner de acuerdo para establecer estándares e indicadores ESG que ayuden a una mejor toma de decisiones de inversión.

El mercado de inversiones sustentables va en continuo crecimiento. De acuerdo con Global Sustainable Investment Alliance (GSIA), son 23 trillones de dólares, o 26% del total de activos bajo administración que en el 2016 fueron considerados ESG, que además de la evaluación de indicadores financieros de sus alternativas de inversión también se toman en cuenta factores medioambientales, sociales y de gobierno corporativo. Aún falta mucho camino por recorrer en este ámbito, pero todo parece indicar que se va por el lado correcto. Como inversionista, valdrá la pena considerar las opciones que van surgiendo en el mercado al momento de invertir.

*Rafael Jara es VP de Traditional Assets & Credit y senior portfolio manager en BBVA Asset Management.

r.jara@bbva.com