La existencia de la democracia y de una clase política activa, con posiciones divergentes, es el antídoto a la dictadura o a gobiernos autoritarios. Si no hay alternativas, ¿de qué sirven las elecciones?

Las élites políticas e intelectuales han sido históricamente los principales actores de los procesos de construcción nacional. La burguesía tan ponderada por el marxismo ha hecho poco. Se guarece en el interés individual y menos en el interés colectivo.

En los países políticamente desarrollados, las figuras protagónicas siguen participando, aun cuando ya no están en el gobierno. O hacen una larga carrera esperando para acceder al poder. Son ejemplos notables de profesionalismo político Churchill, Mitterrand, Angela Merkel, Andreotti.

En México, es notable que muchos políticos que llegan a ser presidentes o que no llegan renuncien a la actividad política. Es lamentable por la enorme experiencia que han acumulado. Las preguntas obligadas para ellos son: ¿dónde quedó el espíritu de servicio? ¿Dónde quedó la invención constante de la democracia? Parecería que el único objetivo de estar adentro del poder es el narcisismo y el disimulo.

En la lucha política actual, según se dice, resulta lamentable que Anaya les pidiera a importantes empresarios que le solicitaran al presidente Peña que el PRI declinara a su favor. La respuesta, según flota en el ambiente, es que ellos le dijeron a Anaya que dejara de atacar al presidente y que se olvidara de su intención, de ganar, de meterlo a la cárcel.

También ocurren desaguisados en el equipo radical de López Obrador, como es el caso de Paco Ignacio Taibo II, que lanzó el “si te quieren chantajear, Andrés, ¡exprópialos!”. Ello a propósito de algunas diferencias, comprensibles, con el sector privado. Habría que recordarle que no podemos tener razón solitariamente. Cuidado con los mercaderes del pánico.

Anécdotas aparte, lo que se espera de los candidatos es, esencialmente, que ofrezcan seguridad, trabajo y poder vivir. En vez de una campaña sanguínea y de utopías, una de contenido social y económico, abordando problemas que se pueden resolver. Y aprender el consejo del Padrino, en la película de Coppola cuando le dijo a uno de sus hijos: “No odies a tus enemigos. Afectará tu juicio”.

La clase política debe fortalecerse. Sin ella no hay cultura política y sin cultura política no hay instituciones seguras. La responsabilidad de la clase política está, además, en el hecho curioso de que los electores no se sienten responsables cuando el gobierno que han elegido fracasa.

Profesionalizar a la clase política, educarla, que aprenda a realizar análisis comparativos, estudiar los problemas de México y del mundo, leer documentos, formar a los jóvenes con potencialidad. Conocer.

Giulio Andreotti, que fue primer ministro de Italia siete veces, dice en sus memorias: “ Si Mussolini hubiera estado una sola vez en Estados Unidos, comprobando directamente su potencia industrial y captando sus indisolubles nexos con la Europa democrática, no se hubiera aventurado a un conflicto suicida”.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.