China y Estados Unidos tienen el liderazgo innovador, y entre ellos está la competencia más fuerte del siglo XXI por el talento.

En la guerra comercial, esas dos economías ponen en el tablero de estrategias el talento creativo y la productividad de sus empresas líderes en tecnología.

Además de la guerra comercial que ya existe entre Estados Unidos y China, con un fuerte abanderamiento arancelario, ahora aparece una guerra fría tecnológica. Se trata del dominio de las capacidades cibernéticas, la inteligencia artificial, la aeronáutica y otras tecnologías de punta.

Ambos países representan la mayor fuerza en el proceso de creación tecnológica. Son los que tienen el liderazgo innovador, por lo que allí está la competencia más fuerte por el talento del siglo XXI. Son gigantes tecnológicos que se renuevan y absorben la inteligencia independientemente de su localización.

El resultado económico de esta evolución es la productividad. Varios estudios de organizaciones internacionales advierten que las empresas que han aprovechado las tecnologías digitales son las que presentan la mayor productividad en el mundo. Es un signo de privilegio.

A nivel de los países, en los años 80 se decía que aquellos que no se informatizaban serían los subdesarrollados del futuro. Y hubo razón en esa premonición. Estados Unidos y China están en una fuerte competencia mostrando sus ases, como el talento creativo y la productividad de las empresas de punta.

El conflicto de ambos países quedó de manifiesto con la decisión de Estados Unidos de prohibir a la empresa china Huawei abastecerse de la tecnología estadounidense, así como la posibilidad de extender este veto a otras empresas tecnológicas chinas.

Ante esta decisión, el gobierno chino ha reconocido que necesita lograr la autosuficiencia tecnológica para evitar depender de Estados Unidos para la fase innovadora. El presidente de China, Xi Jinping, lo dijo en los términos siguientes: “La innovación tecnológica es la fuente de la vida de las empresas (....) sólo si somos dueños de nuestra propiedad intelectual y tecnológica clave podremos producir bienes altamente competitivos y no quedar derrotados en una competencia cada vez más intensa”.

También el gobierno chino prepara represalias, como reducir el suministro de materias primas que son insumos tecnológicos para Estados Unidos y en donde China es el principal productor mundial.

Las decisiones del gobierno de Trump, tanto en el campo comercial como tecnológico, constituyen un factor desestabilizante de las relaciones internacionales. La tensión abarca muchos sectores además de los citados, lo que complica el crecimiento económico mundial.

En China ya surgió por parte del gobierno una actitud que tiene perfiles épicos. El presidente se dirige a la población, advirtiendo sobre la proximidad de tiempos difíciles ante los cuales la población tiene que prepararse.

Por lo pronto, el gobierno chino consolida su política industrial que incluye el otorgamiento de subsidios, el fortalecimiento de las empresas estatales y la compra de propiedad industrial para superar los conocimientos tecnológicos de Occidente. Así, articula enfrentarse a los retos.

En China, la política y la economía están dirigidas por el Estado, lo que significa que puede movilizar a sus instituciones de investigación para realizar la carrera tecnológica.

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Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.