Después de un alza meteórica de más de 1,000% durante este año, el bitcoin se ha convertido en el instrumento financiero —por llamarlo de alguna manera— con mayor popularidad en los últimos meses. El apetito por comprar y vender la criptomoneda se ha incrementado a tal grado que en los próximos días se empezarán a cotizar futuros de bitcoin en la Chicago Mercantile Exchange, el mercado de derivados más importante del mundo.

Sin embargo, y a pesar de que cada vez hay más gente interesada en invertir en este nuevo tipo de moneda, muchas de estas personas no comprenden el funcionamiento, los riesgos o la volatilidad que implica una inversión de este tipo.

El bitcoin nace alrededor del 2008 como una alternativa descentralizada para realizar transacciones comerciales de manera anónima y eliminando los intermediarios financieros, es decir, que ningún organismo gubernamental o banco central tengan el poder para controlar la emisión de bitcoins, contrario a las monedas tradicionales en donde los bancos centrales pueden elegir aumentar o reducir la impresión de divisas para regular sus economías. Asimismo, al eliminar la injerencia de intermediarios como los bancos, no existen costos de transacción o comisiones, además de que todas las operaciones son anónimas, por lo que es imposible saber la identidad de quién está usando la criptomoneda.

Debido a su falta de regulación y anonimato, el bitcoin fue ligado en sus inicios con operaciones ilegales como el lavado de dinero o la compra de armas, aunque poco a poco ha ido cambiando la percepción del público para empezar a ser visto como un activo financiero que tiene el potencial para que algún día sustituya a las monedas tradicionales, lo que ha impulsado su precio.

No obstante las ventajas que ofrecen los bitcoins, todavía existen muchos críticos que argumentan que la criptomoneda está destinada a fracasar y que el reciente aumento en su precio es una burbuja. Entre los problemas más relevantes que existen es que todavía no son aceptadas en la gran mayoría de los establecimientos tradicionales, mientras que los establecimientos que sí las aceptan las cambian inmediatamente por divisas comunes, lo que impide su adopción completa e incrementa su volatilidad. También, al no tener ningún tipo de respaldo, su precio será determinado por la demanda que exista en torno a ella, lo que significa que si por una alguna razón la percepción de la gente cambiara, el precio también podría modificarse.

Tomando en cuenta lo anterior, invertir en bitcoins no sería una buena opción para aquellas personas que no resisten los movimientos que tienen este tipo de instrumentos. Si bien es cierto que el precio durante este año ha aumentado considerablemente, nada asegura que en el futuro vaya a existir una corrección, una toma de utilidades o una regulación más estricta que haga que el precio caiga en la misma magnitud a como fue la subida.

El bitcoin puede ser una inversión muy interesante en un portafolio diversificado si se invierte en los porcentajes adecuados debido a su baja correlación con otros activos. Sin embargo, siempre hay que recordar que antes de invertir es necesario conocer todos los aspectos de un instrumento para evitar asumir riesgos no deseados.

VP Client Portfolio Manager.