Muchas personas se han acostumbrado a ver las deudas como algo con lo que todos tenemos que vivir. Como si fuera algo natural vivir con dinero prestado. 

Así, me llegan historias de todo tipo, pero particularmente de gente que tiene un alto nivel de endeudamiento y que piensa que “consolidar sus deudas en una sola” es una gran solución. Así, muchas veces terminan con un crédito más caro (aunque posiblemente, con mensualidades ligeramente más cómodas). 

Sin embargo, es importante entender que la “consolidación de deudas” es simplemente pedir un nuevo préstamo para pagar los demás. No resuelve realmente el problema, no ayuda a cambiar nuestros hábitos ni nuestra forma de ver al crédito. 

Es cierto que hay gente que tiene que recurrir al crédito para solventar alguna situación extrema, pero no es la mayoría. Por lo general, las deudas se acumulan porque la gente gasta más de lo que gana: vive un nivel de vida superior al que puede pagar. 

Esto empieza poco a poco, con algún gasto irregular grande. Por ejemplo, el regreso a clases: hay que comprar uniformes, útiles escolares y libros. Entonces la gente recurre al crédito (por ejemplo: usa la tarjeta) para solventar ese gasto porque no tiene para pagar de contado. El pago mínimo es muy pequeño y no representa realmente un problema para meses posteriores.

Pero de repente uno ve algo que desea en oferta, que tampoco planeó, y vuelve a usar su tarjeta. El pago mínimo es ahora un poco más grande, pero sigue siendo cómodo. Nos ofrecen otra tarjeta, la tomamos y la usamos. 

El problema es que esto se repite. Se vuelve “fácil” usar el crédito para todo, hasta que el pago mínimo se convierte en una carga. 

Nos hemos acostumbrado a gastar más de lo que ganamos y esto no es sostenible, porque en algún momento el futuro nos alcanza y viene a cobrar. Nos resta toda flexibilidad financiera, porque parte de lo que ganamos hoy es para pagar esos préstamos: lo que compramos en el pasado. Entonces nos alcanza menos para las necesidades del día a día. 

La manera como usamos el crédito es lo que nos ha metido en este problema. Por eso me llama la atención que la gente piense que pedir un nuevo crédito, ahora de “consolidación”, nos va a ayudar a salir de él. Es repetir el mismo patrón: pedir un crédito para pagar otro(s). 

He visto muchísimas personas que piden un préstamo de “consolidación” y al principio todo bien: lo utilizan para pagar sus demás créditos. Pero luego vuelven a usar la tarjeta de crédito y más pronto que tarde terminan otra vez con el agua hasta el cuello. Con una deuda mayor que con la que empezaron. No resolvieron su problema, por el contrario, lo hicieron más grande. 

Lo que necesitamos es aprender que vivir del crédito no nos lleva a ningún lado y decidirnos a salir de deudas, para podernos dedicar entonces a construir. Hacer un plan para salir, definitivamente, de deudas, bien enfocado.

Desde luego, como parte de este plan, si tenemos acceso a un crédito barato (con una tasa de interés significativamente menor) que nos ayudará a salir más rápido del problema, no tiene nada de malo considerarlo. Pero siempre dentro de una estrategia para salir de deudas, no como una solución en sí misma, porque claramente no lo es. 

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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