Un tema recurrente en los debates acerca de la responsabilidad social es si deberían o no las empresas hacer públicos sus esfuerzos y estrategias en esta materia. Adentrarnos en los argumentos en pro y en contra de los diferentes mecanismos de comunicación corporativa de la RSE exigiría un esfuerzo monumental que excede los objetivos de este espacio.

Vale la pena mencionar, no obstante, que quienes estudian el impacto de la comunicación interna y externa de las acciones de RSE y sustentabilidad corporativa afirman que hay una relación positiva entre la reputación corporativa favorable y la visibilidad que hacen las empresas de este tipo de acciones.

En una conversación reciente con Pedro Tarak, cofundador de Sistema B y actual presidente de Sistema B Internacional (movimiento global que busca impulsar una economía que genere valor integral, a favor del bienestar de las personas, las sociedades y la Tierra, de forma simultánea y con consideraciones de corto y largo plazo), destacó la importancia del ejemplo en el mundo empresarial.

De acuerdo con Pedro, el ejemplo da pie a lo que él denomina como “complicidad positiva” en el ecosistema empresarial. La complicidad positiva tiene que ver con un efecto dominó, a través del cual “es imposible ver a alguien haciendo cosas bien, haciendo algo por mejorar la vida de otros, por generar más valor y no emocionarte, contagiarte”. Explicaba (y hasta cierto punto garantizaba) que la construcción de entornos empresariales a favor del bien común se potencializa cuando existen infraestructuras que permiten visibilizar y compartir esos ejemplos, las experiencias que, a través de la innovación y creatividad, han logrado maximizar la creación de valor y resolver problemas sociales. Esto provoca en otros un sentido de urgencia por ser cómplices en la creación de valor, por aprender del otro y replicar su lucha por el propósito.

Si el pronóstico de Pedro es certero, ¿no deberían las empresas esforzarse por hacer visibles todas aquellas experiencias que cumplen con la meta de generar el mayor valor posible? En términos normativos, ¿pudiéramos pensar en la comunicación corporativa como una extraordinaria plataforma para generar esta complicidad positiva entre la comunidad empresarial?

Lo controversial de este debate se hace evidente por la frecuente tentación de las empresas de adoptar una postura de “hago porque comunico” (por ejemplo, cuando las estrategias de RS se implementan para que salgan en el reporte o para compartir las fotos en redes sociales). Cuando más bien, pensar en el rol fundamental del ejemplo y su difusión nos obliga a adoptar la postura de “comunico porque hago”.

En este sentido, el rol de la visibilidad de los modelos y estrategias de creación de valor empresarial puede, en definitiva, convertirse en una estrategia sumamente eficiente para crear complicidades positivas en distintas comunidades empresariales del país. La buena noticia es que existe evidencia que demuestra que la complicidad positiva funciona.

Hoy en México, crecen organismos gremiales, organizaciones que buscan contagiar intensiones, planes y estrategias a favor del bien común. Organizaciones que por medio del ejemplo buscan ser proveedores de estandartes de aspiración e inspiración para que otros actores del ecosistema empresarial puedan, a su vez, convertirse en cómplices de alguien más.

*La autora es profesora del área de Entorno Político y Social de IPADE Business School.